12 de septiembre de 2007

y punto


Se ha acabado nuestra experiencia en Lisboa, ya estamos de regreso en “la vil Zaragoza” (en cuyos charcos croan los ojos de Buñuel). Acaba por tanto este blog, entre cuaderno de lecturas, impresiones, imaginaciones y desvaríos de estos dos en Lisboa. Ha sido breve, pero más breve se nos ha hecho a nosotros el año en esta luz hecha ciudad (verdadera lumière-ville, luzidade).

Gracias a todas y todos por la lectura, y doble agradecimiento a quienes en su momento escribieron comentarios. Hasta siempre. Salud.


Lissabon, 1930, Mário Eloy Pereira (1900-1951)

9 de septiembre de 2007

casi nada



Quase nada

Passo e amo e ardo.
Água? Brisa? Luz?
Não sei. E tenho pressa:
levo comigo uma criança
que nunca viu o mar.

Eugénio de Andrade, Mar de Setembro (1961)

[Casi nada
Paso y amo y ardo / ¿Agua? ¿Brisa? ¿Luz? / No sé. Y tengo prisa: / llevo conmigo un niño / que nunca vio el mar.]
(Traducción mía)

4 de septiembre de 2007

inerme


Hace meses se jugó aquí con el lema de Eça de Queiroz, a partir de la escultura en bronce que se encuentra junto a la rua do Alecrim. Meses después descubrimos en el Museu da Cidade, oculta en un rincón agreste del jardín, la escultura original en piedra, que fue mutilada y pintada y tuvo que ser retirada de la calle. Como se puede ver, el azar o una mano inconsciente han logrado que “la desnudez fuerte de la verdad” se cubra con el manto de una imaginación en la que el autor, por fin, ha sido destronado, y yace a sus pies cabizbajo, taciturno, inerme.

3 de septiembre de 2007

Pomar


_______Língua perfurante
na página dos sons: o branco

Júlio Pomar, Alguns eventos (1992)

2 de septiembre de 2007

cieluz


La luz es el primer animal visible de lo invisible.

(J. Lezama Lima)

29 de agosto de 2007

azul


Ave sin vuelo, sueña el azul.

27 de agosto de 2007

criollo

José Eduardo Agualusa, nacido en Huambo (Angola) en 1960, es un escritor que se mueve en el ancho mundo de la lengua portuguesa, entre Angola, Portugal y Brasil, pero también ha escrito y vivido en Goa (India) o Berlín. Es autor de una ya amplia obra narrativa. Destacan en su producción las novelas Estação das chuvas (1996), Nação crioula (1997), O vendedor de passados (2004) o la última, As mulheres do meu pai (2007), así como diez libros de cuentos (entre ellos Fronteiras perdidas, contos para viajar, de 1999) y la guía Lisboa africana (de 1993, también con textos de Fernando Semedo y fotografías de Elza Rocha).

En Nação crioula, tercera novela de Agualusa, se narra la experiencia vital y amorosa del aventurero portugués Carlos Fradique Mendes a finales del siglo XIX. Este personaje, ya más ficticio que real (se supone que Eça de Queiroz recogió su correspondencia), emprende viaje a Angola. Allí conoce la sociedad esclavista, y se enamora de Ana Olímpia Vaz de Caminha, nacida esclava y sin embargo rica y culta. Luego viaja a Brasil, se convierte en luchador por la abolición de la esclavitud, después en anarquista. Más allá de la relación amorosa, del auge y desgracia de Ana Olímpia y de la evolución ideológica de Fradique, en la novela se curzan historias y aventuras que llevan de Luanda a París, a Brasil, a Lisboa, siempre según el curso de las cartas.

Las cartas, efectivamente: porque la particularidad de esta novela es que es epistolar, la narración se compone de veinticinco cartas firmadas por Fradique Mendes entre 1868 y 1888, escritas desde Angola, París, Brasil o Lisboa, y de una última y larga misiva, de Ana Olímpia, fechada en Luanda en 1900. A través del testimonio del propio protagonista vamos conociendo los hechos, pero además muchas cartas contienen narraciones que otros personajes hacen al propio Fradique Mendes. Las misivas de Fradique están destinadas a tres personas: a su madrina Madame de Jouarre, a Ana Olímpia y a su amigo el escritor Eça de Queiroz. La última, la escrita por Ana Olímpia, también está destinada a este autor, a quien la ex esclava lega toda la correspondencia del aventurero portugués. De este modo, un escritor real, un clásico de las letras portuguesas, Eça de Queiroz, se convierte en el recopilador de la correspondencia que forma, carta a carta, la novela Nação crioula de José Eduardo Agualusa.

Nação crioula es una novela muy singular, entretenida de principio a fin, fácil de leer porque atrapa, y sin embargo en modo alguno es sencilla. Novela mestiza en muchos sentidos: por su mezcla de realidad y ficción en cuanto a la historia, pero también respecto a los personajes, algunos inspirados en figuras reales; y mestiza por la propia ideología que desprende, de mezcla de pieles y culturas, de países, de ideas. Sorprende cómo Agualusa sabe sacar aquí partido al género epistolar, en principio muy limitado, y cómo logra que, carta a carta, el lector entre en un mundo tan interesante como el de Angola y Brasil de finales del siglo XIX. Y sabe hacerlo con dosis de acción, de seducción amorosa, pero también con humor, como en este párrafo:

Para construir uma África portuguesa seria necessário que Portugal se fizesse africano. Atrever-me-ia a sugerir, como primeira e urgente medida, que se mudasse para Luanda a capital do reino, o rei e a corte, a Câmara dos Deputados, todos os ministérios e, naturalmente, os pastéis de Belém. Numa segunda fase seria necessário mudar também os portugueses, inclusive os virtuosos e os trabalhadores, transferindo para Portugal os criminosos a cumprir pena de degredo em Angola e Moçambique. Portugal, território pequeno e nessa altura já quase despovoado, poderia então, sem prejuízo, ser governado por um qualquer empacaceiro em comissão de serviço.

reflejos


No existe la perfección del giro.

26 de agosto de 2007

rojo


Tras el viento rojo vuela el cielo: desconcierto.

tiempo

Lisboa está llena de pintadas como esta, imaginativas unas, otras reelaboraciones con "mensaje". Esto podría haberlo escrito Séneca o Gracián, pero ya es una frase reciclada en cualquier muro. Y sigue dando que pensar.

24 de agosto de 2007

al fondo


Ahí, al fondo, calla la sombra y la luz danza.

22 de agosto de 2007

suena

Alfama, 1920, Francisco Smith (1881-1961)

y tras subir la larga escalera los ojos se me cierran de fatiga. Las imágenes se nublan, y siento la música de este barrio en eterna decadencia. Suena el pífano del afilador, como en la película de Wim Wenders, y como Rüdiger Vogler me siento a escuchar y registrar sonidos, aunque sea con mi débil memoria. Las mujeres se gritan de ventana a ventana, el aire les baila la ropa tendida. Blanco. Qué desdicha ser ciego en Venecia, dijo aquél, y qué gran desgracia ser sordo en Lisboa, pienso ahora yo. El blanco suena: escucho la luz de cada presencia, el barullo de los niños, una canción que se vierte desde una ventana, la discusión de dos viejos, un grupo de turistas italianos. Gaviotas. El zureo de las sucias palomas. Escucho. Pero no basta: habría que registrarlo todo, guardar el sonido para nutrir la memoria, para acompañar el recuerdo y las imágenes del pasado. Habría que

21 de agosto de 2007

noche


Arroja luz la herrumbre de la noche.

20 de agosto de 2007

duvidádiva

Que dúvida Que dívida Que dádiva
Que duvidávida afinal a vida

[Que duda Qué deuda Qué dádiva
Que dudéudiva al final la vida]

Praia das Maçãs

Sinais, VIII

Cheira a silêncio vês ao longo desta praia
como se alguém queimasse o cadáver do vento

[Huele a silencio ves a lo largo de esta playa
como si alguien quemase el cadaver del viento]


Sinais, XVIII

Em que língua Em que luz se traduzem os corpos
Que paráfrase tem a mudez dos espelhos

[A qué lengua A qué luz se traducen los cuerpos
Que paráfrasis tiene la mudez de los espejos]



Son pequeños poemas de David Mourão-Ferreira, Matura idade (1973).
Las traducciones son mías.

17 de agosto de 2007

cicatriz


Memoria: cicatriz de moluscos negros y azulados.

16 de agosto de 2007

sombraluz


La sombra es siempre de la luz, ¿o la luz de la sombra?

15 de agosto de 2007

señales de fuego

Poeta antes que prosista, Jorge de Sena (1919-1978) es una de las figuras centrales de la literatura en lengua portuguesa. Debido a su oposición a la dictadura salazarista tuvo que exiliarse a partir de 1959, primero a Brasil y después a Estados Unidos, donde falleció. Fue un escritor fértil en todos los campos, en especial en la poesía (Metamorfoses, de 1963, es su libro más celebrado), pero también en teatro y novela. Sinais de fogo, publicada póstumamente en 1979, es una obra que le ocupó muchos años, y formaba parte de un vasto plan, un ciclo de varias novelas que debían abarcar buena parte de su vida, y que no llegó a completarse. Hay traducción al español de Basilio Losada (Señales de fuego, 1998).

En Sinais de fogo se narra el verano de un muchacho lisboeta que ha terminado la secundaria y que está en plena floración, tanto erótica como intelectual. Jorge, figura que tiene mucho del autor, asiste entre Lisboa y la playa de Figueira da Foz al desencadenamiento de la guerra civil española, que coincide con su lucha interior entre el deseo, la amistad y el nacimiento de la necesidad de escribir poesía. En más de quinientas páginas se suceden aventuras eróticas, lucha clandestina, reflexiones sobre la relación amorosa y la posesión del ser amado, sobre la fidelidad y la amistad equívoca. El protagonista se ve arrojado en poco tiempo a un torrente que, lejos de aturdirlo, lo obliga a actuar y a decidir. Y decidir es descartar, es manipular, es lastimar.

La novela transcurre en pocas semanas, entre julio y septiembre de 1936. La guerra civil española actúa no sólo como un trasfondo político, sino como eje que mueve la acción y desencadena los acontecimientos que llevan al protagonista a tomar una serie de decisiones que implican a otros, y que alteran la vida de sus personas más próximas, así como su propia relación amorosa. El narrador es el propio personaje, Jorge, desde un plano que rememora los hechos tiempo después. Si bien parece ser que el autor se sirvió de su propia experiencia, el texto ya es una ficción, pues hay amalgamas y transmutaciones de personajes y acontecimientos. No hay pretensión de veracidad, sino ficción a partir de la verdad histórica, en un país cuyo régimen apoyaba sin tapujos la sublevación nacionalcatólica contra la República constitucional. Es una novela de descubrimiento, de maduración interna, que se fragua en poco tiempo. Esa intensidad coincide con el nacimiento de una necesidad en el interior del protagonista: a Jorge se le agolpan las palabras en la mente, siente que tiene que escribirlas como sea, rescribirlas, pensarlas; y así nace el poeta.

La prosa de Jorge de Sena es la de un buen poeta que conoce el ritmo, y está densamente cargada de un tono lírico que, unido a la intensidad de lo narrado, actúa como una red: atrapa. No es un lirismo blando, sino a veces incluso afilado, amargo. Los diálogos, por su parte, condensan mucha de la carga poética del texto: los personajes se muestran desnudos, desgarrados o violentos, se orientan hacia el absoluto o hacia la nada, desorientados.

Sinais de fogo es una gran novela, intensísima y apasionada, algo difícil de lograr en un libro extenso. El autor se sirve de la política y del recurso a la poesía para mostrar su compromiso con la justicia y la libertad, para retratar el tiempo del viraje hacia el fascismo en Portugal, coincidente con el español y europeo. Y lo hace en un viaje de ida y vuelta, de la historia a la Historia. Con todo, y siendo excelente, lo mejor de la novela no es su faceta histórica o política. Dura, a veces incluso violenta, de una violencia que no se halla en el escenario bélico, que transcurre lejos, en España, sino en las actuaciones y en las ideas de los personajes, en el dolor que provocan las actitudes y los desencuentros: la verdadera guerra civil es entre los personajes, entre sus deseos y ambiciones, un choque de búsquedas encontradas que resulta devastador. Y en ese fragor de la vida Jorge se aferra a las palabras, a la poesía, la única balsa que logra mantenerlo a flote en el océano de ese verano turbulento.

O horror estava na minha surpresa constante com o inimaginável de uma catástrofe desencadeada a uma escala que não me era habitual. O espantoso e o monstruoso não podem, porém, ser-nos habituais, nem a experiência da vida pode ser feita de experiências incomuns. Mas que as experiências nos dêem o conhecimento de que os limites do possível não são os do provável ou do previsível, eis o que nos daria consciência de que a própria vida é, ou pode ser, a qualquer instante, um furacão que arrasta para o seu torvelinho criaturas inocentes e desprevenidas, que larga, com a mesma indiferença, num estendal de cadáveres e de detritos, espantados de se verem juntos. (p. 443)

ciudad

Miquel Navarro, Fluido en la urbe (fragmento).

No mienten los cuerpos de barro extendidos en la luz.

14 de agosto de 2007

miradouro


Miradouro de Santa Luzia

Si todos los colores son el blanco,
cómo decir el gesto, la ventana
o esa nube encendida
sobre el río que es luz
que no se nombra y arde
y pasa y ya es olvido.

Ángel Campos Pámpano, La ciudad blanca (1988)

Pues sí, la de horas que hemos pasado en ese miradouro, Portas do Sol o Santa Luzia (tan juntos que son el mismo casi), leyendo, escribiendo, charlando, mirando. Mirando, nada más, tantas veces. Ya empezamos a sentir saudade, y todavía no nos hemos ido. Será que la ciudad está más vacía. O que pesa más el aire. No sé.

12 de agosto de 2007

ornette

Ornette Coleman

Anoche pasó el último gran cronopio vivo por la Gulbenkian, cerrando el festival Jazz em Agosto, tras varios conciertos de jazz de vanguardia, free e improvisación contemporánea (todo junto, o según se quiera). En general, este festival lisboeta suele traer a los músicos más innovadores y libres de la escena del jazz, esos que no suelen llenar auditorios porque suenan raro, y que a menudo son marginados de los grandes festivales. Estos días hemos disfrutado de la música de virtuosos como Muhal Richard Abrams o Roscoe Mitchell, Joe Fonda o el Quartet Noir. Y el último, el padre de todos ellos: Ornette Coleman, creador de una música, a finales de la década de 1950, que hasta hace poco seguía en los arrabales del jazz. Freejazz. Libertad es lo que se sintió anoche al escuchar las improvisaciones de su extraño quinteto (contrabajo acústico, contrabajo eléctrico, bajo eléctrico, batería y él, al saxo alto y alguna ráfaga de trompeta), y en especial el sonido acuoso y agudo de su saxofón. Lástima que la Gulbenkian no estuviese ayer a la altura de las circunstancias (el sonido en general fue algo deficiente), pero el viejo loco (77 años) no defraudó. Un sabio con mirada de niño pícaro, eso me pareció anoche.

Dejo aquí la canción con la que cerró el concierto, "Lonely Woman" (claro, en la grabación original, con otra formación, que incluía al insustituible Don Cherry a la trompeta). Salud.