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3 de septiembre de 2007

Pomar


_______Língua perfurante
na página dos sons: o branco

Júlio Pomar, Alguns eventos (1992)

6 de agosto de 2007

nombres

Una colección de nombres. Eso es lo que me parece el Museu Colecção Berardo, la nueva exposición permanente que ocupará hasta 2016 el espacio del Centro Cultural de Belém (CCB). Al poco de la inauguración a bombo y platillo, hicimos una visita a la tan cacareada colección de arte contemporáneo, adquirida durante años por el banquero y magnate portugués Joe Berardo, un auténtico self-madelman. Hay obras (una por cabeza, rara vez dos) de Francis Bacon, Malevich, Picasso, Vieira da Silva, Dalí, Miró, Andy Warhol, Júlio Pomar, Tàpies, Chagall, Paula Rego, Frank Stella, y un larguísimo etcétera. Con semejante elenco, y tanta batahola mediática, había que ir. Y fuimos, claro. Debe de ser que nos pilló en mal día, porque, después de una larga cola, la experiencia fue decepcionante. Hay, desde luego, obras muy interesantes, pero mucho de lo expuesto son pinturas poco representativas de lo mejor de cada autor (por no decir que algunas son de muy segunda fila). Y además me pareció que se daba demasiado espacio al Pop Art, que a mí me parece anecdótico. Supongo que el magnate (viste de negro opulento y rezuma corleonismo por los cuatro costados) decidió un buen día que había que coleccionar nombres. No es difícil imaginar una conversación con su museólogo asesor:

–Bueno, pues mañana me compro un… ¿cómo se llama ese de las latas?
–Andy Warhol, comendador.
–Eso, un Guarjol, que luce mucho. Me ponga cuarto y mitá.
–Excelente idea, comendador, y… ¿ha pensado en alguna obra en particular?
–Pues no, qué pregunta tan tonta, el primero que se subaste, pero que no sea de los caros, ¿eh?
–Por supuesto, comendador, faltaría más.

Me ponga cuarto y mitá de sopa Guarjol, oiga.

Pues bien, bromas aparte, sería una mera decepción si la colección, esa exposición de diez años y puede que permanente, no fuese un negocio redondo para el comendador: hasta donde yo sé, el Estado portugués pone el espacio y paga los gastos administrativos, de mantenimiento, conservación, seguridad, etc., y en 2016 tiene además opción preferente de compra por unos cuantos millones de euros (generoso, el capo). Pero no se trata sólo de que un multimillonario engrose más aún sus ya abultadas arcas a costa de vender su colección privada al Estado. Es que además su colección permanente ocupa un espacio inmenso y precioso, las salas de exposiciones temporales del CCB, por las que han pasado muestras de arte contemporáneo de primera fila desde que el Centro Cultural de Belém se inauguró, en 1993. Lisboa pierde un espacio central en el circuito de las artes plásticas, el primero de Portugal hasta que se inauguró la Fundação Serralves de Porto (una maravilla, por cierto).

No es difícil ver, por tanto, que también en este asunto los nombres parecen más importantes que las obras (en arte, como también en literatura), que se menosprecia el concepto de arte en movimiento y la oportunidad de ver grandes exposiciones temporales. Pero además lo que se comprueba es que, aquí como en cualquier país (España a la cabeza, donde cada capital de provincia tiene ya su museo de arte contemporáneo), la gestión cultural es un apéndice más del rendimiento político, arte del lucimiento y de la mera fachada, en pro de los réditos electorales y de un pretendido prestigio cultural. Y los nombres, los nombres siempre por delante. Nunca hay que olvidar el peso del Autor. Ni a cuánto se cotiza su firma.

30 de julio de 2007

arte en el subsuelo

Hace poco se dijo algo aquí sobre Graça Pereira Coutinho y sus manos impresas en las paredes de la estación de metro de Olaias. Otras estaciones del metro de Lisboa albergan obras de arte de creadores, portugueses o no, generalmente creadas especialmente para cada estación. Algunas de ellas son las de Rato (paneles de azulejos de Arpad Szenes y Vieira da Silva), Alto dos Moinhos (azulejos pintados de Júlio Pomar, que representan a Camões, Bocage, Pessoa y Almada Negreiros), Campo Pequeno (esculturas de Francisco Simões), Cais do Sodré (enormes azulejos con el apresurado conejo de Alicia, obra de António Dacosta), Campo Grande (el juego entre el azulejo clásico y el Op Art de Eduardo Nery), Cidade Universitária (“Le Métro”, de Maria Helena Vieira da Silva, y transposición de otra pintura suya sobre azulejos), Rossio (Helena Almeida), Marquês de Pombal (destaca la escultura de João Cutileiro del célebre marqués, así como paneles de azulejos de Menez y Charters de Almeida). Por fin, la estación de Oriente es un pequeño museo, pues está integrada por obras de autores de diversas nacionalidades, con paneles de azulejos de Hundertwasser, Yayoi-Kusama, Errö, António Ségui, Abdoulaye Konaté, y una enorme escultura de un pez, de Magdalena Abakanowicz. Me dejo algunas estaciones, pero quien pueda que las descubra por sí mismo, que hasta eso vale la pena en esta ciudad.

26 de junio de 2007

manos

Manos, huellas. Cientos, miles de manos de diferentes personas, insertas en una gran cuadrícula o rejilla: marcas, testimonio de presencias, de tránsitos.

Graça Pereira Coutinho, Quatro paredes, estación de metro de Olaias, Lisboa, 1998 (detalle)

Impresas sobre una materia mixta (arena, pigmento, serrín y cola) se ubican en cuatro enormes paredes de la estación de metro de Olaias. La misma estación está integrada también por obras de Pedro Cabrita Reis, Pedro Calapez y Rui Sanches.

Graça Pereira Coutinho (n. 1949) es una de las creadoras más importantes y vanguardistas del arte contemporáneo portugués (y no sólo). Afincada en Londres desde hace décadas, esta pintora y escultora ha creado y sigue creando una obra no figurativa marcada por la mezcla de elementos y materiales, de texturas y signos. Ya sea en pintura, escultura, creación de objetos o en instalaciones, su expresión está marcada por la sugerencia y la geometría (a menudo sus composiciones se sirven de la forma de rejilla, en la que dispone elementos semejantes o no), así como en la utilización de elementos tomados de la naturaleza o de sus numerosos viajes. La escritura (a menudo ilegible, o en caracteres invertidos) también integra algunas de sus pinturas, como ocurre en las series Porta etrusca o Letters to my mother. Las series War Zone, por su parte, forman una parte de su obra claramente comprometida con la paz, a partir del genocidio de Ruanda.

Graça Pereira Coutinho, Letters to my mother, técnica mixta sobre papel, 68x48 cm, 1991

Graça Pereira Coutinho, Porta etrusca, acrílico y técnica mixta sobre tela, 205x166 cm, 1989

16 de mayo de 2007

Rego

Hacía tiempo que tenía la intención de escribir algo sobre Paula Rego, o siquiera mencionarla aquí; al fin me decido a hacer al menos algunos esbozos. Paula Rego (n. 1935) está considerada como una de las creadoras más importantes en el ámbito de la pintura de las últimas décadas. Nacida en Lisboa, la mayor parte de su producción se ha realizado en Londres, donde vive. Allí pudo conocer el trabajo de pintores como Kitaj, Francis Bacon o Lucian Freud, con los que tiene mucho en común en cuanto a estilo, así como el de ilustradoras y artistas gráficos que marcaron su propia creación.

Untitled. 1998.

La pintura de Paula Rego tiene una voluntad de provocación, el suyo no es un arte que se conforme con el logro estético. Por eso, y por la expresividad de muchas de sus figuras, se ha dicho que su gran maestro, su referencia primera, es Goya (y sobre todo el Goya de las pinturas negras y los grabados). Más allá de lo figurativo como enunciación del cuerpo o como representación de escenas, su pintura tiene un marcado carácter narrativo: cada cuadro de Paula Rego cuenta una historia, sugiere un pasado de la figura representada, a veces turbio, de sumisión y humillación, de injusticia; a veces descriptivo y de tono costumbrista, e incluso juega con lo onírico, con lo fabuloso y, claro, con lo grotesco y lo goyesco.

Two Women Being Stoned. 1995. Pastel sobre lienzo. 150 x 150 cm.

En Paula Rego hay voluntad de denuncia social, una conciencia rebelde, y más aún, desde una clara conciencia feminista. La condición de la mujer es un tema dominante en su pintura. Desde el maltrato (como en la pintura de arriba: dos mujeres lapidadas) hasta la sumisión. La serie Dog Woman, por ejemplo, muestra a mujeres que ahúllan, que parecen husmear como perros, o hurgar con el hocico entre su piel. Otra serie de la misma época son los cuadros sin título sobre el aborto (¿pero hay mejor manera de expresar la urgencia de un tema tan grave como la persecución del aborto que obviar el título?), que marcan en los años noventa su producción, y su madurez creativa. Hay en su pintura un evidente distanciamiento (y, por qué no, una crítica) de los cánones de belleza femenina: las mujeres de Rego no son delicadas, elegantes, seductoras, plácidas o amables. Son duras, expresan rabia o dolor, o tienen una fuerza y una gestualidad que rebasan las convenciones de lo que tradicionalmente se entiende por masculino y femenino.

Grooming. 1994. Pastel sobre lienzo. 76 x 100 cm.

Dogwoman. 1994. Pastel sobre lienzo. 100 x 76 cm.

También la violencia y la guerra han sido temas tratados en su pintura. En el cuadro War, por ejemplo, Paula Rego parece volver a cierto neosurrealismo que dominaba sus primeros cuadros, presentando una mirada sobre la guerra de Irak en donde aparecen figuras humanas y animales, a veces mezcladas, como esas figuras del Bosco. La denuncia no es, sin embargo, una lectura única. El poder sugestivo, narrativo, de la pintura de Paula Rego abre muchas otras lecturas y despierta sensaciones e ideas bien diversas, en cualquier caso abiertas a la interpretación de quien las observe.

War. 2005. Pastel sobre papel. 160 x 120 cm.

Hablar de la pintura de Paula Rego es hablar no sólo de sus obras para tela, sino también de su numerosa obra gráfica, grabados, litografías y aguafuertes, además de su labor en el campo de la ilustración, todas ellas parte destacable de su producción. Las series de Peter Pan o Jane Eyre apuntan en este sentido, como una recreación muy personal de clásicos literarios.

Come to me. 2001-2002. Litografía en color.

Para acabar, una impresión personal que vincula lo narrativo pictórico con la novela. Esa voluntad de mostrar el lado turbio, de desnudar la parte no confesable de las personas que hay en muchos de sus cuadros, creo que tiene un parangón en las novelas de Lobo Antunes. Yo al menos así lo sentí, y es probablemente una mera coincidencia, en el verano de 2004 en Porto. En aquellos días leía A ordem natural das coisas, y visité (repetidas veces) una exposición de Paula Rego en la Fundação Serralves. Entonces no pude evitar poner los rostros y las imágenes de los cuadros de la pintora a la narración de Lobo Antunes. Son asociaciones libres, claro, y por supuesto discutibles.

Algunos enlaces:
Paula’s Playground
The Saachi Galery – Paula Rego
Fundação Gulbenkian

13 de marzo de 2007

labirintos

M. H. Vieira da Silva, Bibliothèque (1949)


Maria Helena Vieira da Silva
ou o Itinerário Inelutável

Minúcia é o labirinto muro por muro
Pedra contra pedra livro sobre livro
Rua após rua escada após escada
Se faz e se desfaz o labirinto
Palácio é o labirinto e nele
Se multiplicam as salas e cintilam
Os quartos de Babel roucos e vermelhos
Passado é o labirinto: seus jardins afloram
E do fundo da memória sobem as escadas
Encruzilhada é o labirinto e antro e gruta
Biblioteca rede inventário colmeia –
Itinerário é o labirinto
Como o subir dum astro inelutável –
Mas aquele que o percorre não encontra
Toiro nenhum solar nem sol nem lua
Mas só o vidro sucessivo do vazio
E um brilho de azulejos íman frio
Onde os espelhos devoram as imagens

Exauridos pelo labirinto caminhamos
Na minúcia da busca na atenção da busca
Na luz mutável: de quadrado em quadrado
Encontramos desvios redes e castelos
Torres de vidro corredores de espanto

Mas um dia emergiremos e as cidades
Da equidade mostrarão seu branco
Sua cal sua aurora seu prodígio

Sophia de Mello Breyner Andresen, Dual (1972)

[Maria Helena Vieira da Silva o el itinerário inevitable

Menudencia es el laberinto muro a muro

Piedra contra piedra libro sobre libro
Calle tras calle escalera tras escalera
Se hace y se deshace el laberinto
Palacio es el laberinto y en él
Se multiplican las salas y refulgen
Los cuartos de Babel roncos y rojos
Pasado es el laberinto: sus jardines afloran
Y desde el fondo de la memoria suben las escaleras
Encrucijada es el laberinto y antro y gruta
Biblioteca red inventario colmena
–Itinerario es el laberinto
Como el ascender de un astro inevitable–

Pero quien lo recorre no encuentra
Ningún toro solar ni sol ni luna
Sino sólo el cristal sucesivo del vacío
Y un brillo de azulejos imán frío
Donde los espejos devoran las imágenes

Exhaustos por el laberinto caminamos
En la menudencia de la búsqueda en la atención de la búsqueda
En la luz mutable: de cuadrado en cuadrado
Encontramos desvíos redes y castillos
Torres de cristal pasillos de asombro

Pero un día emergeremos y las ciudades

De la equidad mostrarán su blanco
Su cal su aurora su prodigio

(Traducción de Ángel Campos Pámpano)]


En este poema de Sophia de Mello sobre la pintura de Vieira da Silva se juega con algunos de los símbolos y formas que afloran en los cuadros de la pintora portuguesa: el laberinto, la biblioteca, la ciudad; y la biblioteca como laberinto, que nunca fue dominio exclusivo de Borges, a quien Vieira da Silva admiraba. En sus cuadros, en particular en los no figurativos (la mayor parte de su obra), las líneas de fuga crean perspectivas múltiples, a veces enmarañadas; crean espacio y espacios en planos de proximidad o lejanía variable, dimensiones abiertas a la interpretación, a la imaginación: la mirada entra en ellos como en un dédalo de formas geométricas y líneas, descubre corredores hacia el fondo de la tela, escalas de un plano ajedrezado hacia una estancia suspensa en el vacío. Más allá de las arquitecturas oníricas, de los túneles y poliedros, de las bibliotecas cromáticas, más allá de los símbolos la pintura de Vieira da Silva es una mirada abierta a la profundidad, una proyección hacia el fondo del fondo, hacia el vacío (el "vidro sucessivo do vazio" que dice el poema de Sophia de Mello). Un vacío pleno de sugerencias.


M. H. Vieira da Silva, Bibliothèque en feu (1974)

Quien esté interesado en la obra de Maria Helena Vieira da Silva, si viene a Lisboa conviene que visite la Fundação Arpad Szenes-Vieira da Silva, una experiencia muy interesante por varios motivos. El museo, ubicado en una antigua fábrica de seda en el jardim das Amoreiras, alberga muchas obras de Vieira da Silva, pero la colección se compone además de pinturas de su marido, el húngaro Arpad Szenes (aunque yo prefiero la pintura de ella). Y el jardim das Amoreiras, con el final del acueducto y la Mãe d'Água (un gran depósito de aguas del siglo XVIII) es uno de los rincones más hermosos de esta ciudad colmada de rincones hermosos.