12 de septiembre de 2007

y punto


Se ha acabado nuestra experiencia en Lisboa, ya estamos de regreso en “la vil Zaragoza” (en cuyos charcos croan los ojos de Buñuel). Acaba por tanto este blog, entre cuaderno de lecturas, impresiones, imaginaciones y desvaríos de estos dos en Lisboa. Ha sido breve, pero más breve se nos ha hecho a nosotros el año en esta luz hecha ciudad (verdadera lumière-ville, luzidade).

Gracias a todas y todos por la lectura, y doble agradecimiento a quienes en su momento escribieron comentarios. Hasta siempre. Salud.


Lissabon, 1930, Mário Eloy Pereira (1900-1951)

9 de septiembre de 2007

casi nada



Quase nada

Passo e amo e ardo.
Água? Brisa? Luz?
Não sei. E tenho pressa:
levo comigo uma criança
que nunca viu o mar.

Eugénio de Andrade, Mar de Setembro (1961)

[Casi nada
Paso y amo y ardo / ¿Agua? ¿Brisa? ¿Luz? / No sé. Y tengo prisa: / llevo conmigo un niño / que nunca vio el mar.]
(Traducción mía)

4 de septiembre de 2007

inerme


Hace meses se jugó aquí con el lema de Eça de Queiroz, a partir de la escultura en bronce que se encuentra junto a la rua do Alecrim. Meses después descubrimos en el Museu da Cidade, oculta en un rincón agreste del jardín, la escultura original en piedra, que fue mutilada y pintada y tuvo que ser retirada de la calle. Como se puede ver, el azar o una mano inconsciente han logrado que “la desnudez fuerte de la verdad” se cubra con el manto de una imaginación en la que el autor, por fin, ha sido destronado, y yace a sus pies cabizbajo, taciturno, inerme.

3 de septiembre de 2007

Pomar


_______Língua perfurante
na página dos sons: o branco

Júlio Pomar, Alguns eventos (1992)

2 de septiembre de 2007

cieluz


La luz es el primer animal visible de lo invisible.

(J. Lezama Lima)

29 de agosto de 2007

azul


Ave sin vuelo, sueña el azul.

27 de agosto de 2007

criollo

José Eduardo Agualusa, nacido en Huambo (Angola) en 1960, es un escritor que se mueve en el ancho mundo de la lengua portuguesa, entre Angola, Portugal y Brasil, pero también ha escrito y vivido en Goa (India) o Berlín. Es autor de una ya amplia obra narrativa. Destacan en su producción las novelas Estação das chuvas (1996), Nação crioula (1997), O vendedor de passados (2004) o la última, As mulheres do meu pai (2007), así como diez libros de cuentos (entre ellos Fronteiras perdidas, contos para viajar, de 1999) y la guía Lisboa africana (de 1993, también con textos de Fernando Semedo y fotografías de Elza Rocha).

En Nação crioula, tercera novela de Agualusa, se narra la experiencia vital y amorosa del aventurero portugués Carlos Fradique Mendes a finales del siglo XIX. Este personaje, ya más ficticio que real (se supone que Eça de Queiroz recogió su correspondencia), emprende viaje a Angola. Allí conoce la sociedad esclavista, y se enamora de Ana Olímpia Vaz de Caminha, nacida esclava y sin embargo rica y culta. Luego viaja a Brasil, se convierte en luchador por la abolición de la esclavitud, después en anarquista. Más allá de la relación amorosa, del auge y desgracia de Ana Olímpia y de la evolución ideológica de Fradique, en la novela se curzan historias y aventuras que llevan de Luanda a París, a Brasil, a Lisboa, siempre según el curso de las cartas.

Las cartas, efectivamente: porque la particularidad de esta novela es que es epistolar, la narración se compone de veinticinco cartas firmadas por Fradique Mendes entre 1868 y 1888, escritas desde Angola, París, Brasil o Lisboa, y de una última y larga misiva, de Ana Olímpia, fechada en Luanda en 1900. A través del testimonio del propio protagonista vamos conociendo los hechos, pero además muchas cartas contienen narraciones que otros personajes hacen al propio Fradique Mendes. Las misivas de Fradique están destinadas a tres personas: a su madrina Madame de Jouarre, a Ana Olímpia y a su amigo el escritor Eça de Queiroz. La última, la escrita por Ana Olímpia, también está destinada a este autor, a quien la ex esclava lega toda la correspondencia del aventurero portugués. De este modo, un escritor real, un clásico de las letras portuguesas, Eça de Queiroz, se convierte en el recopilador de la correspondencia que forma, carta a carta, la novela Nação crioula de José Eduardo Agualusa.

Nação crioula es una novela muy singular, entretenida de principio a fin, fácil de leer porque atrapa, y sin embargo en modo alguno es sencilla. Novela mestiza en muchos sentidos: por su mezcla de realidad y ficción en cuanto a la historia, pero también respecto a los personajes, algunos inspirados en figuras reales; y mestiza por la propia ideología que desprende, de mezcla de pieles y culturas, de países, de ideas. Sorprende cómo Agualusa sabe sacar aquí partido al género epistolar, en principio muy limitado, y cómo logra que, carta a carta, el lector entre en un mundo tan interesante como el de Angola y Brasil de finales del siglo XIX. Y sabe hacerlo con dosis de acción, de seducción amorosa, pero también con humor, como en este párrafo:

Para construir uma África portuguesa seria necessário que Portugal se fizesse africano. Atrever-me-ia a sugerir, como primeira e urgente medida, que se mudasse para Luanda a capital do reino, o rei e a corte, a Câmara dos Deputados, todos os ministérios e, naturalmente, os pastéis de Belém. Numa segunda fase seria necessário mudar também os portugueses, inclusive os virtuosos e os trabalhadores, transferindo para Portugal os criminosos a cumprir pena de degredo em Angola e Moçambique. Portugal, território pequeno e nessa altura já quase despovoado, poderia então, sem prejuízo, ser governado por um qualquer empacaceiro em comissão de serviço.

reflejos


No existe la perfección del giro.

26 de agosto de 2007

rojo


Tras el viento rojo vuela el cielo: desconcierto.

tiempo

Lisboa está llena de pintadas como esta, imaginativas unas, otras reelaboraciones con "mensaje". Esto podría haberlo escrito Séneca o Gracián, pero ya es una frase reciclada en cualquier muro. Y sigue dando que pensar.

24 de agosto de 2007

al fondo


Ahí, al fondo, calla la sombra y la luz danza.

22 de agosto de 2007

suena

Alfama, 1920, Francisco Smith (1881-1961)

y tras subir la larga escalera los ojos se me cierran de fatiga. Las imágenes se nublan, y siento la música de este barrio en eterna decadencia. Suena el pífano del afilador, como en la película de Wim Wenders, y como Rüdiger Vogler me siento a escuchar y registrar sonidos, aunque sea con mi débil memoria. Las mujeres se gritan de ventana a ventana, el aire les baila la ropa tendida. Blanco. Qué desdicha ser ciego en Venecia, dijo aquél, y qué gran desgracia ser sordo en Lisboa, pienso ahora yo. El blanco suena: escucho la luz de cada presencia, el barullo de los niños, una canción que se vierte desde una ventana, la discusión de dos viejos, un grupo de turistas italianos. Gaviotas. El zureo de las sucias palomas. Escucho. Pero no basta: habría que registrarlo todo, guardar el sonido para nutrir la memoria, para acompañar el recuerdo y las imágenes del pasado. Habría que

21 de agosto de 2007

noche


Arroja luz la herrumbre de la noche.

20 de agosto de 2007

duvidádiva

Que dúvida Que dívida Que dádiva
Que duvidávida afinal a vida

[Que duda Qué deuda Qué dádiva
Que dudéudiva al final la vida]

Praia das Maçãs

Sinais, VIII

Cheira a silêncio vês ao longo desta praia
como se alguém queimasse o cadáver do vento

[Huele a silencio ves a lo largo de esta playa
como si alguien quemase el cadaver del viento]


Sinais, XVIII

Em que língua Em que luz se traduzem os corpos
Que paráfrase tem a mudez dos espelhos

[A qué lengua A qué luz se traducen los cuerpos
Que paráfrasis tiene la mudez de los espejos]



Son pequeños poemas de David Mourão-Ferreira, Matura idade (1973).
Las traducciones son mías.

17 de agosto de 2007

cicatriz


Memoria: cicatriz de moluscos negros y azulados.

16 de agosto de 2007

sombraluz


La sombra es siempre de la luz, ¿o la luz de la sombra?

15 de agosto de 2007

señales de fuego

Poeta antes que prosista, Jorge de Sena (1919-1978) es una de las figuras centrales de la literatura en lengua portuguesa. Debido a su oposición a la dictadura salazarista tuvo que exiliarse a partir de 1959, primero a Brasil y después a Estados Unidos, donde falleció. Fue un escritor fértil en todos los campos, en especial en la poesía (Metamorfoses, de 1963, es su libro más celebrado), pero también en teatro y novela. Sinais de fogo, publicada póstumamente en 1979, es una obra que le ocupó muchos años, y formaba parte de un vasto plan, un ciclo de varias novelas que debían abarcar buena parte de su vida, y que no llegó a completarse. Hay traducción al español de Basilio Losada (Señales de fuego, 1998).

En Sinais de fogo se narra el verano de un muchacho lisboeta que ha terminado la secundaria y que está en plena floración, tanto erótica como intelectual. Jorge, figura que tiene mucho del autor, asiste entre Lisboa y la playa de Figueira da Foz al desencadenamiento de la guerra civil española, que coincide con su lucha interior entre el deseo, la amistad y el nacimiento de la necesidad de escribir poesía. En más de quinientas páginas se suceden aventuras eróticas, lucha clandestina, reflexiones sobre la relación amorosa y la posesión del ser amado, sobre la fidelidad y la amistad equívoca. El protagonista se ve arrojado en poco tiempo a un torrente que, lejos de aturdirlo, lo obliga a actuar y a decidir. Y decidir es descartar, es manipular, es lastimar.

La novela transcurre en pocas semanas, entre julio y septiembre de 1936. La guerra civil española actúa no sólo como un trasfondo político, sino como eje que mueve la acción y desencadena los acontecimientos que llevan al protagonista a tomar una serie de decisiones que implican a otros, y que alteran la vida de sus personas más próximas, así como su propia relación amorosa. El narrador es el propio personaje, Jorge, desde un plano que rememora los hechos tiempo después. Si bien parece ser que el autor se sirvió de su propia experiencia, el texto ya es una ficción, pues hay amalgamas y transmutaciones de personajes y acontecimientos. No hay pretensión de veracidad, sino ficción a partir de la verdad histórica, en un país cuyo régimen apoyaba sin tapujos la sublevación nacionalcatólica contra la República constitucional. Es una novela de descubrimiento, de maduración interna, que se fragua en poco tiempo. Esa intensidad coincide con el nacimiento de una necesidad en el interior del protagonista: a Jorge se le agolpan las palabras en la mente, siente que tiene que escribirlas como sea, rescribirlas, pensarlas; y así nace el poeta.

La prosa de Jorge de Sena es la de un buen poeta que conoce el ritmo, y está densamente cargada de un tono lírico que, unido a la intensidad de lo narrado, actúa como una red: atrapa. No es un lirismo blando, sino a veces incluso afilado, amargo. Los diálogos, por su parte, condensan mucha de la carga poética del texto: los personajes se muestran desnudos, desgarrados o violentos, se orientan hacia el absoluto o hacia la nada, desorientados.

Sinais de fogo es una gran novela, intensísima y apasionada, algo difícil de lograr en un libro extenso. El autor se sirve de la política y del recurso a la poesía para mostrar su compromiso con la justicia y la libertad, para retratar el tiempo del viraje hacia el fascismo en Portugal, coincidente con el español y europeo. Y lo hace en un viaje de ida y vuelta, de la historia a la Historia. Con todo, y siendo excelente, lo mejor de la novela no es su faceta histórica o política. Dura, a veces incluso violenta, de una violencia que no se halla en el escenario bélico, que transcurre lejos, en España, sino en las actuaciones y en las ideas de los personajes, en el dolor que provocan las actitudes y los desencuentros: la verdadera guerra civil es entre los personajes, entre sus deseos y ambiciones, un choque de búsquedas encontradas que resulta devastador. Y en ese fragor de la vida Jorge se aferra a las palabras, a la poesía, la única balsa que logra mantenerlo a flote en el océano de ese verano turbulento.

O horror estava na minha surpresa constante com o inimaginável de uma catástrofe desencadeada a uma escala que não me era habitual. O espantoso e o monstruoso não podem, porém, ser-nos habituais, nem a experiência da vida pode ser feita de experiências incomuns. Mas que as experiências nos dêem o conhecimento de que os limites do possível não são os do provável ou do previsível, eis o que nos daria consciência de que a própria vida é, ou pode ser, a qualquer instante, um furacão que arrasta para o seu torvelinho criaturas inocentes e desprevenidas, que larga, com a mesma indiferença, num estendal de cadáveres e de detritos, espantados de se verem juntos. (p. 443)

ciudad

Miquel Navarro, Fluido en la urbe (fragmento).

No mienten los cuerpos de barro extendidos en la luz.

14 de agosto de 2007

miradouro


Miradouro de Santa Luzia

Si todos los colores son el blanco,
cómo decir el gesto, la ventana
o esa nube encendida
sobre el río que es luz
que no se nombra y arde
y pasa y ya es olvido.

Ángel Campos Pámpano, La ciudad blanca (1988)

Pues sí, la de horas que hemos pasado en ese miradouro, Portas do Sol o Santa Luzia (tan juntos que son el mismo casi), leyendo, escribiendo, charlando, mirando. Mirando, nada más, tantas veces. Ya empezamos a sentir saudade, y todavía no nos hemos ido. Será que la ciudad está más vacía. O que pesa más el aire. No sé.

12 de agosto de 2007

ornette

Ornette Coleman

Anoche pasó el último gran cronopio vivo por la Gulbenkian, cerrando el festival Jazz em Agosto, tras varios conciertos de jazz de vanguardia, free e improvisación contemporánea (todo junto, o según se quiera). En general, este festival lisboeta suele traer a los músicos más innovadores y libres de la escena del jazz, esos que no suelen llenar auditorios porque suenan raro, y que a menudo son marginados de los grandes festivales. Estos días hemos disfrutado de la música de virtuosos como Muhal Richard Abrams o Roscoe Mitchell, Joe Fonda o el Quartet Noir. Y el último, el padre de todos ellos: Ornette Coleman, creador de una música, a finales de la década de 1950, que hasta hace poco seguía en los arrabales del jazz. Freejazz. Libertad es lo que se sintió anoche al escuchar las improvisaciones de su extraño quinteto (contrabajo acústico, contrabajo eléctrico, bajo eléctrico, batería y él, al saxo alto y alguna ráfaga de trompeta), y en especial el sonido acuoso y agudo de su saxofón. Lástima que la Gulbenkian no estuviese ayer a la altura de las circunstancias (el sonido en general fue algo deficiente), pero el viejo loco (77 años) no defraudó. Un sabio con mirada de niño pícaro, eso me pareció anoche.

Dejo aquí la canción con la que cerró el concierto, "Lonely Woman" (claro, en la grabación original, con otra formación, que incluía al insustituible Don Cherry a la trompeta). Salud.

detrás


Al otro lado los girasoles son blancos.

11 de agosto de 2007

espectro


Destruye la cal de la piedra un cuerpo sin materia.

10 de agosto de 2007

pasos


Hay pasos silenciosos más allá de la sombra y tu mirada.

Al Berto

Há de flutuar uma cidade.mp3

Voz: Al Berto
Música: Francisco Ribeiro


há-de flutuar uma cidade no crepúsculo da vida
pensava eu... como seriam felizes as mulheres
à beira-mar debruçadas para a luz caiada
remendando o pano das velas espiando o mar
e a longitude do amor embarcado

por vezes
uma gaivota pousava nas águas
outras era o sol que cegava
e um dardo de sangue alastrava pelo linho da noite
os dias lentíssimos... sem ninguém

e nunca me disseram o nome daquele oceano
esperei sentado à porta... dantes escrevia cartas
punha-me a olhar a risca de mar ao fundo da rua
assim envelheci... acreditando que algum homem ao passar
se espantasse com a minha solidão

(anos mais tarde, recordo agora, cresceu-me uma pérola no coração.
mas estou só, muito só, não tenho a quem a deixar.)

um dia houve
que nunca mais avistei cidades crepusculares
e os barcos deixaram de fazer escala à minha porta
inclino-me de novo para o pano deste século
recomeço a bordar ou a dormir
tanto faz
sempre tive dúvidas que alguma vez me visite a felicidade

Al Berto (1948-1997)

[ha de fluctuar una ciudad en el crepúsculo de la vida / pensaba yo… qué felices serían las mujeres / a la orilla del mar inclinadas hacia la luz enjalbegada / remendando la tela de las velas espiando el mar / y la longitud del amor embarcado // a veces / una gaviota se posaba en las aguas / otras era el sol que cegaba / y un dardo de sangre propagaba por el lino de la noche / los días lentísimos… sin nadie // y nunca me dijeron el nombre de aquel océano / esperé sentado a la puerta… antes escribía cartas / me ponía a mirar la línea del mar al fondo de la calle / así envejecí… creyendo que algún hombre al pasar / se asombrase con mi soledad // (años más tarde, recuerdo ahora, me creció una perla en el corazón. pero estoy solo, muy solo, no tengo a quien dejársela.) // un día hubo / que nunca más avisté ciudades crepusculares / y los barcos dejaron de hacer escala a mi puerta / me inclino de nuevo hacia la tela de este siglo / recomienzo a bordar o a dormir / tanto da / siempre tuve dudas de que alguna vez me visite la felicidad]
(traducción mía)

9 de agosto de 2007

amarillo


Amarillo alto contra un cielo falso de vidrio: allí afuera no hay más aire.

8 de agosto de 2007

cuentos

Acabo de leer la Antologia do Conto Português (2002) que en su día preparó, seleccionó, prologó y anotó el escritor João de Melo (y de la cual hay traducción al español de Mario Merlino). Son cincuenta autores, cincuenta cuentos –uno de cada autor–, en una selección que abarca casi dos siglos, desde Alexandre Herculano, Camilo Castelo Branco y Eça de Queirós, hasta nuestro tiempo, pasando por varias de las grandes figuras de la literatura portuguesa contemporánea (Vergílio Ferreria, Jorge de Sena, Sophia de Mello, Agustina Bessa-Luís, José Saramago o José Cardoso Pires). Es una antología-abanico, un elenco, un muestrario de nombres más que de textos, como una cata de vinos. A pesar de ello, la selección parece acertada (qué difícil debe de ser hacer una antología de tantos autores), y he encontrado buenos cuentos, algunos excelentes. Saltándome el criterio cronológico, enumero los que más me han gustado, sin entrar en materia:

-O grande segredo, de Jorge de Sena, un relato que juega con el misticismo herético y el erotismo en la figura de una monja.

-A ave rara, de Maria Velho da Costa, sobre una mujer sola que compra un extraño pájaro azul, al que intenta hacer volar, en vano.

-Homero, de Sophia de Mello Breyner Andresen, la mirada de una niña hacia un mendigo enigmático.

-Erika e a madrugada, de David Mourão-Ferreira, donde una extranjera madura reflexiona sobre sus desencuentros amorosos.

-Desforra, de José Saramago, el descubrimiento del deseo en un adolescente de aldea.

-O conto dos chineses, de José Cardoso Pires, un extraño encuentro entre un vigilante de una obra y dos feriantes chinos.

-As rosas, de Ana Teresa Pereira, del lazo extremo entre dos gemelos más allá de la muerte.

-O homem dos sonhos, de Mário de Sá-Carneiro, el cuento de un enamoramiento entre lo real y lo onírico.

-Os alçapões do sol, de José Viale Moutinho, un hombre acosado en un café del Chiado por unas piadosas señoras que recaudan fondos para el bando franquista y “la causa de Dios”.

-O cágado, de Almada Negreiros, un cuento fantástico sobre un hombre que persigue a una tortuga.

Sobre el propio antólogo, João de Melo (n. 1949) es escritor, sobre todo de novelas, bastante reconocido, y ha sido (o es aún) asesor cultural de la embajada de Portugal en Madrid. Aún no lo he leído, pero ya he visto varias referencias elogiosas sobre su novela Gente feliz com lágrimas (1988). También es cuentista, aunque ha tenido el pudor o la humildad de no incluir ninguno de sus cuentos en esta antología. Una colección de cuentos que desde luego vale la pena, y que ofrece un panorama amplio de la narrativa breve portuguesa.

grelha


Vacías redes del silencio: pozos negros en el cielo.

7 de agosto de 2007

sombra


Entre la tierra y el hierro la luz asombra.

6 de agosto de 2007

viento


Vuelan en silencio los raíles del viento: no aterrizan, no aterrizan en tu cuerpo.

nombres

Una colección de nombres. Eso es lo que me parece el Museu Colecção Berardo, la nueva exposición permanente que ocupará hasta 2016 el espacio del Centro Cultural de Belém (CCB). Al poco de la inauguración a bombo y platillo, hicimos una visita a la tan cacareada colección de arte contemporáneo, adquirida durante años por el banquero y magnate portugués Joe Berardo, un auténtico self-madelman. Hay obras (una por cabeza, rara vez dos) de Francis Bacon, Malevich, Picasso, Vieira da Silva, Dalí, Miró, Andy Warhol, Júlio Pomar, Tàpies, Chagall, Paula Rego, Frank Stella, y un larguísimo etcétera. Con semejante elenco, y tanta batahola mediática, había que ir. Y fuimos, claro. Debe de ser que nos pilló en mal día, porque, después de una larga cola, la experiencia fue decepcionante. Hay, desde luego, obras muy interesantes, pero mucho de lo expuesto son pinturas poco representativas de lo mejor de cada autor (por no decir que algunas son de muy segunda fila). Y además me pareció que se daba demasiado espacio al Pop Art, que a mí me parece anecdótico. Supongo que el magnate (viste de negro opulento y rezuma corleonismo por los cuatro costados) decidió un buen día que había que coleccionar nombres. No es difícil imaginar una conversación con su museólogo asesor:

–Bueno, pues mañana me compro un… ¿cómo se llama ese de las latas?
–Andy Warhol, comendador.
–Eso, un Guarjol, que luce mucho. Me ponga cuarto y mitá.
–Excelente idea, comendador, y… ¿ha pensado en alguna obra en particular?
–Pues no, qué pregunta tan tonta, el primero que se subaste, pero que no sea de los caros, ¿eh?
–Por supuesto, comendador, faltaría más.

Me ponga cuarto y mitá de sopa Guarjol, oiga.

Pues bien, bromas aparte, sería una mera decepción si la colección, esa exposición de diez años y puede que permanente, no fuese un negocio redondo para el comendador: hasta donde yo sé, el Estado portugués pone el espacio y paga los gastos administrativos, de mantenimiento, conservación, seguridad, etc., y en 2016 tiene además opción preferente de compra por unos cuantos millones de euros (generoso, el capo). Pero no se trata sólo de que un multimillonario engrose más aún sus ya abultadas arcas a costa de vender su colección privada al Estado. Es que además su colección permanente ocupa un espacio inmenso y precioso, las salas de exposiciones temporales del CCB, por las que han pasado muestras de arte contemporáneo de primera fila desde que el Centro Cultural de Belém se inauguró, en 1993. Lisboa pierde un espacio central en el circuito de las artes plásticas, el primero de Portugal hasta que se inauguró la Fundação Serralves de Porto (una maravilla, por cierto).

No es difícil ver, por tanto, que también en este asunto los nombres parecen más importantes que las obras (en arte, como también en literatura), que se menosprecia el concepto de arte en movimiento y la oportunidad de ver grandes exposiciones temporales. Pero además lo que se comprueba es que, aquí como en cualquier país (España a la cabeza, donde cada capital de provincia tiene ya su museo de arte contemporáneo), la gestión cultural es un apéndice más del rendimiento político, arte del lucimiento y de la mera fachada, en pro de los réditos electorales y de un pretendido prestigio cultural. Y los nombres, los nombres siempre por delante. Nunca hay que olvidar el peso del Autor. Ni a cuánto se cotiza su firma.

4 de agosto de 2007

piel


Hay tierra bajo la piel, rasguños del tiempo en la memoria.

3 de agosto de 2007

violín


Arco ciego de luz: tañes el verano en la cal ardiente de los días.

arquitectura

Uma arquitectura

Entremear estar e desaparecer
dirigir-me para onde ser
sem concentração e sem leveza
mais como objecto praticante
que
por acidente
servisse de paz e de perturbação

Corporalmente inserta numa
arquitectura
alvenaria salva merencória certa.

Luiza Neto Jorge, O seu a seu tempo (1966)

[Entremezclar estar y desaparecer / dirigirme hacia donde ser / sin concentración y sin levedad / más como objeto practicante / que / por accidente / sirviese de paz y de perturbación // Corporalmente inserta en una / arquitectura / cantería salva melancolía cierta]

2 de agosto de 2007

aves


Es de piedra y miente en esta tarde el vuelo de esas aves.

1 de agosto de 2007

convergencias


Convergencias: quebradas en sombra las láminas blancas del silencio.

bailar la luna

anoche aprendí a bailar la luna
¿la sabré bailar mañana?

31 de julio de 2007

ciegos

Ayer escribí sobre el arte en el metro de Lisboa. Hoy leo en un blog que suelo frecuentar un breve retrato de otro metro de Lisboa: el de los ciegos que piden limosna. Siempre solos, avanzan haciendo sonar un recipiente donde tintinean las monedas, y a su paso golpetean el bastón contra las barras y asientos del vagón. Repiten una cantilena lastimera, que transcribe con precisión Miguel Vale de Almeida en el enlace anterior. Algunos parecen arrancados de las páginas de una novela picaresca... o de Ernesto Sábato.

quem me dera

Manuel Rui (Huambo, Angola, 1941) es uno de los más destacados escritores angoleños, autor de libros de poesía y narrativa, tanto cuentos (Regresso adiado, 1973, o 1 morto & os vivos, 1992) como novela breve (Quem me dera ser onda, 1982, o Crónica de um mujimbo, 1989) y novela (Rioseco, 1997, probablemente su obra más experimental y compleja).

Quem me dera ser onda (hay traducción al español, con un título tan poco sonoro como Si pudiera ser una ola) narra la “lucha” de unos niños angoleños para salvar la vida a “Carnaval da vitória”, un cerdo traído por el padre de familia a la casa para cebarlo y matarlo, a fin de acabar con la monotonía alimenticia en tiempos de cartillas de racionamiento socialistas.
La novela se ambienta en Luanda, capital de la Angola posterior a la independencia, en un momento no explícito entre la década de los setenta e inicios de los ochenta. Todavía es época de guerra fría, con el gobierno del MPLA, marxista-leninista y filocubano: años de fervor revolucionario y burocrático, pero también de corruptelas, desigualdad y abuso de poder (me temo que eso no ha cambiado tanto). El narrador cuenta, con cierto tono de fábula o de cuento infantil, las peripecias de unos niños que intentan salvar a un cerdo de su más que probable fin en la cazuela. Sin perder el punto de vista infantil, por debajo de ese plano sencillo y amable hay un trasfondo de absurdo, de miseria bien repartida, de picaresca y de rebeldía. Y de crítica feroz a la homogeneización de la vida, a través de metáforas cómicas como las colas del racionamiento y el “peixefritismo” (“pescadofritismo”) como ideología alimenticia nacional, a la corrupción… pero también es una lucha entre el idealismo infantil y el pragmatismo de los adultos, con el cerdo como objeto de deseo común.
El recurso narativo del cuento infantil para cuestionar o denunciar una situación es el mayor logro de esta novelita, que acaba siendo simultáneamente cómica y crítica. El lenguaje dominante es sencillo, con giros del portugués angoleño, y en los diálogos el uso generalizado de la retórica del comunismo real de entonces, que se concreta en el propio nombre del cerdo: el “Carnaval da vitória” era la fiesta que conmemoraba la victoria del marxista MPLA sobre el filoamericano FNLA tras la independencia.
Entre infantil (sólo en la apariencia) y crítico, este libro de apenas setenta páginas se lee de una sentada, y a continuación se siente el deseo de volver a leerlo. Parece tener, conscientemente o no, algo del Orwell de Rebelión en la granja, aunque aquí sólo hay un animal, el cerdo, centro de la narración. El absurdo hecho fábula, en una parábola tan cómica y tierna como implacable.

espejo


"He visto a dios. Era una araña, y quería entrar en mí, pero yo no se lo he permitido"

Ingmar Bergman, Como en un espejo (1961)

(In memoriam)

30 de julio de 2007

arte en el subsuelo

Hace poco se dijo algo aquí sobre Graça Pereira Coutinho y sus manos impresas en las paredes de la estación de metro de Olaias. Otras estaciones del metro de Lisboa albergan obras de arte de creadores, portugueses o no, generalmente creadas especialmente para cada estación. Algunas de ellas son las de Rato (paneles de azulejos de Arpad Szenes y Vieira da Silva), Alto dos Moinhos (azulejos pintados de Júlio Pomar, que representan a Camões, Bocage, Pessoa y Almada Negreiros), Campo Pequeno (esculturas de Francisco Simões), Cais do Sodré (enormes azulejos con el apresurado conejo de Alicia, obra de António Dacosta), Campo Grande (el juego entre el azulejo clásico y el Op Art de Eduardo Nery), Cidade Universitária (“Le Métro”, de Maria Helena Vieira da Silva, y transposición de otra pintura suya sobre azulejos), Rossio (Helena Almeida), Marquês de Pombal (destaca la escultura de João Cutileiro del célebre marqués, así como paneles de azulejos de Menez y Charters de Almeida). Por fin, la estación de Oriente es un pequeño museo, pues está integrada por obras de autores de diversas nacionalidades, con paneles de azulejos de Hundertwasser, Yayoi-Kusama, Errö, António Ségui, Abdoulaye Konaté, y una enorme escultura de un pez, de Magdalena Abakanowicz. Me dejo algunas estaciones, pero quien pueda que las descubra por sí mismo, que hasta eso vale la pena en esta ciudad.

domingo


A través de la ventana otra ventana: sol blanco en las sábanas.

23 de julio de 2007

ritmo

No ritmo surdo

No ritmo surdo sem forma ainda
de um verso
surge um corpo aberto ao sol
da minha mão.
Pertenço já tão pouco ao meu
corpo que nem sequer
beijei quem me entregava a boca.
Que luz recusava assim
por recear
que de tão verde fora amarga?
Como cheguei a isto, despido
de quanto amei? Terias sido tu,
que de tão jovem me envelheceste?
Diz, não digas. A ternura
dirá o que não sabe o desejo.

Eugénio de Andrade, O sal da língua (1995)

Eugénio de Andrade (1923-2005)

En el ritmo sordo


En el ritmo sordo aún sin forma
de un verso
surge un cuerpo abierto al sol
de mi mano.
Pertenezco ya tan poco a mi
cuerpo que ni siquiera
he besado a quien me entregaba su boca.
¿Qué luz se negaba así
por temer
que de tan verde fuese amarga?
¿Cómo he llegado a esto, despojado
de cuanto amé? ¿Habrías sido tú,
que de tan joven me has envejecido?
Dilo, no lo digas. La ternura
dirá lo que no sabe el deseo.

(Traducción de Ángel Campos Pámpano)

21 de julio de 2007

el otro pie

Mia Couto (1955) es el escritor mozambiqueño más conocido internacionalmente. La huella de este autor en la literatura (africana y universal) comenzó con su primera novela, Terra sonâmbula (1992), aunque antes y después ha escrito muchos otros libros, entre poesía, cuentos, artículos y novelas. Hace unos cinco años leí O último voo do flamingo (2000), una sátira hilarante y tierna al mismo tiempo, entre lo onírico y lo real dentro de la ficción, sobre el Mozambique de posguerra civil y la presencia de los cascos azules. O outro pé da sereia (2006, El otro pie de la sirena, aún no traducido al español) es su última novela. En toda su obra de ficción Mia Couto juega con el lenguaje y crea neologismos, altera la sintaxis (aunque no al nivel e intensidad de uno de sus maestros, el brasileño João Guimarães Rosa), se sirve de la tradición oral y de los proverbios. Habla de Mozambique, de África, de la identidad, de la memoria y la amnesia colectiva (“o homem esquece para ter passado e mente para ter futuro”, dice el narrador de su última novela), y por tanto su temática y la forma de afrontarla es ya universal.

En O outro pé da sereia se alternan dos líneas argumentales, a su vez integradas por pequeñas historias que se entrelazan, como en un juego de esas cajas africanas (y chinas) de madera tallada que contienen otras menores. Por un lado, en 2002, la historia de una muchacha llamada Mwadia Malunga, el hallazgo de una vieja talla de la Virgen y de unos manuscritos del siglo XVI que llevan a Mwadia de regreso al pueblo de donde se marchó hace años; de los habitantes de ese pueblo, Vila Longe, y de la llegada de una pareja de afroamericanos que ansían conocer sus raíces y la historia de la esclavitud. Por otro, en 1560, la travesía desde Goa a Mozambique que lleva la evangelización a los negros (y, con ella, la sumisión al poder portugués), río Zambeze arriba. El nexo entre ambas, simbolizado en una estatua de madera de la Virgen que es simultáneamente el espíritu Nzuzu, divinidad africana de las aguas, se va estrechando a lo largo de los viajes reales e imaginarios de los personajes.
Los capítulos ambientados en el presente (2002) se desarrollan en Mozambique, en la aldea de Vila Longe y alrededores. Mientras, impresos en páginas de color hueso (en la edición de Caminho) y en diferente tipografía se suceden, alternados con los otros, los capítulos que narran la travesía del océano Índico en un barco que lleva en 1560 a Mozambique al misionero jesuita Gonçalo da Silveira (personaje rigurosamente histórico, “mártir” de la cristiandad en tierras de Mozambique) y a otros personajes como el esclavo Nimi Nsundi, o el joven cura Manuel Antunes, seducido por la sensualidad africana.

La originalidad de Mia Couto, a diferencia de otros textos anteriores, no se muestra en esta novela tanto en la creación de neologismos (que los hay, como el bello crepuscalado, o cegocêntrico, entre otros) como en la manipulación de la tradición oral y de los proverbios, a través de verdaderos aforismos que articulan la voz narrativa y los diálogos de los personajes.

Si O último voo do flamingo comenzaba contundentemente con el pene amputado de un casco azul como único vestigio de la explosión de una mina, O outro pé da sereia se inicia con la caída de una estrella que no sabremos a ciencia cierta si es realmente eso o un satélite espía. Esta es la primera de una serie de ambigüedades, de juego de datos entre lo real y lo ilusorio que parece en ciertos momentos confuso, y que conduce a un final tan desconcertante y sorprendente que al lector (al menos a este lector) le queda la impresión de que el autor ha querido dar la vuelta a las convenciones narrativas occidentales y dejarnos completamente fuera de juego. De hecho, es como si el personaje de Zeca Matambira, ex púgil que tuvo que abandonar el boxeo porque era incapaz de golpear a mulatos o blancos, hubiese superado su miedo y nos propinase un seco gancho con la zurda desde el ring de la ficción.

Sea como sea, Mia Couto es un escritor que sabe conquistar al lector, que seduce con personajes simbólicos y fascinantes, bien construidos, con una prosa sencilla aunque labrada por imágenes y frases luminosas, con la fascinación de un mundo en que se diluyen las fronteras entre lo real y lo ilusorio. En esta novela los estereotipos, las imágenes que los occidentales tienen de África y los africanos, caen en pedazos mediante el humor y la picaresca. Los africanos, como nosotros, no son personas de raíz pura, ni acaso importa, parece decirnos Mia Couto: todos somos resultado de diversas mezclas, no sólo raciales o culturales, sino de un complejo conjunto de experiencias, conocimientos, relaciones y herencias bastardas.

– Esse poente, esse poente! Você usava aquela outra palavra que eu gostava tanto, como era?
– Crepúsculo.
– Era isso mesmo, crespu... diga lá outra vez!
– Crepúsculo.
– Maravilha, disse Rodrigues, soletrando repetidamente a palavra. E suspirou: Estou para aqui todo crepuscalado.
(…)
Nesses últimos dias, Mwadia fechava-se no sótão e espreitava a velha documentação colonial. Agora, ela sabia: um livro é uma canoa. Esse era o barco que lhe faltava em Antigamente. Tivesse livros e ela faria a travessia para o outro lado do mundo, para o outro lado de si mesma.
(…)
– Desculpe a pregunta: o senhor se considera um animista?
– Do modo como está o mundo, eu me considero mais um desanimista…

20 de julio de 2007

centro

Cúpula, Culturgest

17 de julio de 2007

limiar

no acesso aceso: apenas as penas
no limiar do teu corpo e sem bússola
na lamúria azeda desta
malouquice
te perco não te perco
sou aguaça nas tuas maõs
lameiro após o temporal do sexo
broa quente aberta
já nem homem nem mulher
só sou eu
e mais nada

[en el acceso encendido: apenas las penas / en el umbral de tu cuerpo y sin brújula / en la queja agria de esta / locura / te pierdo no te pierdo / soy torrente en tus manos / lamedal tras la tormenta del sexo / pan caliente abierto / ya ni hombre ni mujer / soy sólo yo / y nada más]

14 de julio de 2007

Tejo, Tajo

Nascente do Tejo na Serra de Albarracín

“Arroio, sílabas de água,
escorre nas tuas pedras,
sílabas de terra”
eu disse ao ouvido da nascente.

Fiama Hasse Pais Brandão, As Fábulas (2002).

[Fuente del Tajo en la Sierra de Albarracín
“Arroyo, sílabas de agua,
desliza en tus piedras
sílabas de tierra”
dije al oído de la fuente.]

Y así es, en las sierras de Teruel nace apenas un arroyo que se desliza a lo ancho de la península hasta el Atlántico; pero el río que llega a Lisboa, ¿es el mismo río que brota en la frontera entre Aragón y Castilla-La Mancha? Todavía no. Eso parece decir ese pequeño poema: aquello son apenas sílabas, ya con sentido, aunque aún no el extenso poema que se diluye en el océano. La fuente de Albarracín forma las primeras líneas de un manuscrito que aquí, en Lisboa, es obra en remanso, escrito que ha bebido de tantos otros, y que lega su discurso (y decurso) al mar, que ignora el tiempo.

En el poema de arriba, una portuguesa visitaba las fuentes del Tajo. A continuación es un español quien escribe sobre el río próximo a su final:

O cais

La tarde enciende las luces del puerto.
Huele a tierra mojada en la raíz del muelle.
Levemente hacia el mar,
la estela de un barco rasga el agua:
territorio desnudo que en las sombras
pierde el nombre, el día, los colores…

Escribir es recuperar su ausencia:
esta sabia costumbre de los ríos
de morir en el agua o en el aire.

Ángel Campos Pámpano, La ciudad blanca (1988)

Lisboa desde la Casa da Cerca (Almada)

11 de julio de 2007

de la fuga

El autor de este libro, Dinis Machado (1930) ha sido un poco de todo: periodista deportivo, organizador de cineclubes, entrevistador, poeta y autor de novela policial (que firmaba como Dennis McShade). Su obra más reconocida y exitosa es esta O que diz Molero (1977, ahora en 2007 en reedición conmemorativa del 30 aniversario), que fue traducida al español por Ángel Crespo (Lo que dice Molero, editado por Alfaguara en 1981 y supongo que hoy descatalogado).

O que diz Molero es una larga conversación: Austin lee y comenta a Mister DeLuxe lo que un tal Molero ha escrito en su informe sobre la vida de un personaje al que se alude siempre como “o rapaz” (“el chico”). El relato de ese informe, que ocupa la mayor parte del libro, es una narración sobre una infancia y adolescencia en un barrio de Lisboa (el Barrio Alto, aunque no se explicite), en los años cuarenta, y sobre los poemas que ese “chico” escribió y los viajes (que más parecen imaginarios que reales) que más tarde emprendió.

Relato dentro de un relato, el libro se organiza, así pues, como un diálogo: el narrador se limita a decir “dijo Austin” o “dijo Mister DeLuxe”, a lo sumo apunta un movimiento de cabeza o un sacudir del cigarrillo en el cenicero. Es principalmente Austin quien asume la labor de lectura y comentario de un supuesto informe escrito por Molero, a su vez voz narradora en tanto que cita leída por Austin, y que habla de un tercero, “el chico”, cuyos pasos ha seguido hasta perderle la pista. El texto escrito por Molero es en fin un informe probablemente encargado por Mister DeLuxe, como si se tratase de una agencia de investigación cuyos fines nunca se describen, ni vienen al caso. No hay capítulos, sino una sucesión de fragmentos de un solo párrafo, de dimensión variable.

La novela se asienta en el uso de la ironía, del humor, del juego con los nombres, con personajes entre grotescos y tiernos, algunos canallescos, otros locos o fabulosos; y con cierta poesía en prosa (la escrita por “el chico” y su búsqueda de la palabra). Hay referencias culturales constantes, en particular al cine, o mejor dicho a las películas de los años cuarenta en un cine de barrio y a través de la mirada adolescente; y también a la literatura como vía de escape, a la pintura, etc.

O que diz Molero es un libro que divierte, que retrata con ironía y cierta nostalgia una infancia y adolescencia de barrio, pero que no se contenta con eso: busca la vía de la imaginación y la creatividad para hablarnos de un personaje que, obsesionado con Miró y con la poesía, acaba por recorrer medio mundo en busca de “la última frontera”. En lo que tiene de vida de barrio pobre en los años cuarenta, de juegos e historias de calle contadas en tono de leyenda, me recuerda un poco a Marsé, aunque Dinis Machado se sirve más de la vena cómica (y, claro, aquí no hay posguerra). No, esto es otra cosa: está la crónica de un tiempo en el que la ficción cotidiana se componía de fotogramas de cine, de actores y actrices que se mezclaban con el vecino idéntico a un vampiro, de Greta Garbo como mito anhelado; pero también hay algo de Saint-Exupéry sin avión, de Lewis Carroll sin espejos ni puertas de por medio, una fuga hacia lo desconocido, hacia lo abierto, como el final mismo del libro. Un libro que empieza así:

"Teve uma infância estranha", disse Austin. "Em última análise, todas as infâncias o são", disse Mister DeLuxe. "Molero diz", disse Austin, "que a infância do rapaz foi particularmente estranha, condicionada por questões de ambiente que fizeram dele, simultaneamente, actor e espectador do seu próprio crescimento, lá dentro e um pouco solto, presso ao que o rodeava e desviado, como se um elástico o afastasse do corpo que transportava e, muitas vezes, o projectasse brutalmente contra a realidade desse mesmo corpo, e havia então esse cachoar violento do que era e a espuma do que poderia ser, a asa tenra batendo à chuva.

6 de julio de 2007

escuchar

En el barrio donde vivo, Poiais de São Bento es una de las calles principales, y el itinerario más corto para ir hacia el Chiado y la Baixa. Estrecha como una cañería, por ella circula el tranvía 28, en algunos tramos acariciando la chapa de los coches aparcados y paralizando a los peatones, que han de pegarse a las fachadas de los edificios si no quieren ser aplastados por la cápsula amarilla.

Hacia el final de la calle, en un sótano semioculto al que se accede por una vieja escalera, tiene su taller un viejo luthier de instrumentos de viento metal. Paso ante esa puerta al menos tres o cuatro veces por semana. Los primeros meses no me di cuenta de la existencia de ese sótano, hasta que un día de inicios de noviembre escuché el lamento de una tuba y busqué el origen del sonido. Me incliné y, a través de la puerta, escaleras abajo, distinguí un mostrador sucio y un tubo dorado y acampanado en la penumba. Después, unos dedos de alambre lo tomaron, el metal desapareció y volvieron a oírse dos o tres frases musicales inconexas, el andar cansino de elefante de una tuba. Pasó el tiempo, no volví a encontrar la puerta abierta, ni a oír ningún otro instrumento, y lo olvidé.


Hasta que una mañana ventosa, no hace más de dos semanas, me apreté contra una vieja casa de paredes sin reboque para escapar a la embestida del 28, y tras el estruendo del tranvía me quedé allí pegado, helado. En el silencio de la calle sonaba una trompeta quebrada, triste, una trompeta. ¿Hay algo tan hermoso y triste como una trompeta rota contra el silencio? Reconocí la puerta de cristal, la abrí y bajé las escaleras. Un hombre de cabello gris inclinaba su cuerpo enjuto sobre una trompeta de metal sucio, le arrancaba largas notas que formaban el inicio de algo, sin despertar aún la canción, apoyándose en el silencio como quien torpemente se apoya en el frágil pretil de un pozo. Al borde de ese abismo tocó durante algunos minutos más, hasta que el sonido se quebró y apartó la trompeta de sus labios. Me descubrió entonces, y me regañó, amable y jocoso, por no haberle avisado. “Deseja alguma coisa?”, dijo. Me costó hablar, recuperarme y buscar alguna excusa. “O meu saxofone estragou-se”, improvisé. Me dijo que no solía reparar saxofones, pero que si era una pequeña avería podría intentarlo. Y así acordamos que al día siguiente le traería mi saxo alto de mentira.

Desde entonces, cada vez que paso ante la puerta temo que surja de su pozo de silencio y notas rotas, que me pregunte por el saxofón. Y aún así me pego a la pared, aunque no venga ningún tranvía me arrimo a la puerta y aguzo el oído, por si puedo volver a escuchar aquella música quebrada siquiera una vez más.

Enrico Rava, trompeta: 10 Lady Orlando.mp3

5 de julio de 2007

blanco


Blanco y sombra. Hacia la luz paralelas, infinitas, casi ausentes: las palabras.

4 de julio de 2007

las 3 Marías

En 1971, en plena dictadura salazarista (en su época final, con Marcelo Caetano en el gobierno), Maria Isabel Barreno, Maria Teresa Horta y Maria Velho da Costa publicaron el libro Novas Cartas Portuguesas. En él se juega con los géneros literarios, principalmente epistolar, poesía y cuento breve, a partir del personaje de Mariana Alcoforado, monja portuguesa que realmente existió y a quien se atribuyeron las apasionadas Lettres Portugaises (París, 1669) dirigidas al marqués de Chamilly, y “traducidas al francés” por Lavergne de Guilleraggues (que probablemente fue el verdadero autor).

Las Novas Cartas Portuguesas, el libro de “as Três Marias”, como entonces se llamó a las autoras, refleja un erotismo libre de prejuicios beatos y al margen de los tópicos del erotismo literario masculino de entonces; expresa sin pelos en la lengua el deseo de alcanzar la igualdad de género y sabe usar los registros y la ironía para tratar, sobre todo, las relaciones amorosas mujer-hombre. La censura sobre libros en Portugal no era previa, pero actuaba con rapidez sobre cualquier “desvío”, de modo que fue pronto silenciado, retirado de la circulación, y las autoras procesadas, junto con la editora, por ofensa contra la moral pública. El erotismo femenino era entonces considerado pornográfico (sí, claro, todavía quedan dinosaurios). Del caso se supo más en el extranjero que en Portugal (en España tampoco, como es lógico, donde el libro nunca se tradujo), y la presión internacional, así como la posterior llegada de la revolución de Abril de 1974, rehabilitó a sus autoras. Antes y después de ese libro, cada una de ellas desarrolló una obra literaria personal, ya en el campo de la narrativa, ya en el de la poesía.

Más allá de la historia del libro y de su trasfondo sociopolítico o feminista, me interesa destacar su valor como obra literaria. Novas Cartas Portuguesas es un juego literario propio del experimentalismo de la época en que fue escrito, inicios de los setenta, y ese juego no se limita a los géneros mezclados, o a la referencia de una obra anterior a partir de la cual se recrean personajes y situaciones desde el presente de la escritura. El juego está en el lenguaje, principalmente. Las tres Marías escriben al modo de la prosa epistolar de finales del siglo XVII, y lo mezclan con poesía satítica y jocosa, con descripciones de erotismo explícito, con fragmentos de tono más vanguardista, y con grandes dosis de ironía y humor. A pesar de tener fragmentos mejores que otros, se trata de un libro valioso, que en su momento supuso una verdadera osadía, y cuya lectura hoy, siquiera de forma fragmentaria, bien vale la pena.


João Cutileiro, Janela de Soror Mariana,
escultura en el parque de Monteiro Mor


En cuanto al texto original en que se inspiraron Maria Isabel Barreno, Maria Teresa Horta y Maria Velho da Costa, las apasionadas Lettres Portugaises atribuidas a sor Mariana Alcoforado, hay traducción al portugués, a cargo del gran poeta Eugénio de Andrade (en Assirio & Alvim).

2 de julio de 2007

superficie


Ni adentro ni en el fondo. Todo es superficie y atraviesan: los peces rojos.

velocidade


El tiempo vuela. ¿Alguien me presta una red?


26 de junio de 2007

manos

Manos, huellas. Cientos, miles de manos de diferentes personas, insertas en una gran cuadrícula o rejilla: marcas, testimonio de presencias, de tránsitos.

Graça Pereira Coutinho, Quatro paredes, estación de metro de Olaias, Lisboa, 1998 (detalle)

Impresas sobre una materia mixta (arena, pigmento, serrín y cola) se ubican en cuatro enormes paredes de la estación de metro de Olaias. La misma estación está integrada también por obras de Pedro Cabrita Reis, Pedro Calapez y Rui Sanches.

Graça Pereira Coutinho (n. 1949) es una de las creadoras más importantes y vanguardistas del arte contemporáneo portugués (y no sólo). Afincada en Londres desde hace décadas, esta pintora y escultora ha creado y sigue creando una obra no figurativa marcada por la mezcla de elementos y materiales, de texturas y signos. Ya sea en pintura, escultura, creación de objetos o en instalaciones, su expresión está marcada por la sugerencia y la geometría (a menudo sus composiciones se sirven de la forma de rejilla, en la que dispone elementos semejantes o no), así como en la utilización de elementos tomados de la naturaleza o de sus numerosos viajes. La escritura (a menudo ilegible, o en caracteres invertidos) también integra algunas de sus pinturas, como ocurre en las series Porta etrusca o Letters to my mother. Las series War Zone, por su parte, forman una parte de su obra claramente comprometida con la paz, a partir del genocidio de Ruanda.

Graça Pereira Coutinho, Letters to my mother, técnica mixta sobre papel, 68x48 cm, 1991

Graça Pereira Coutinho, Porta etrusca, acrílico y técnica mixta sobre tela, 205x166 cm, 1989

23 de junio de 2007

dibujo

Carlos de Oliveira

Desenho infantil (IV)


Ao crepúsculo, desceu enfim a escada e entrou na atmosfera espessa do corredor; parecia flutuar; tinha o rosto sombrio, os cabelos caídos para os olhos e jurara nunca mais comer carne, mesmo que fosse condenado toda a vida às ampolas de soro nutritivo diluído em leite.
Empurrou devagar a porta da cozinha, onde o fogo tornava o cobre cor de sangue, e lembrou-se outra vez dos bichos imolados sobre as lajes do pátio. Havia um vulto debruçado para o lume, uma criada com certeza, entregue ao ritual das chamas: alimento, calor, sobrevivência diária.
Continuou em frente no mesmo passo aéreo e saiu da cozinha; se alguém o visse agora pensaria num caso de sonambulismo: «quando acordar regressará»; talvez, mas as palavras hesitam de repente, incertas, disjuntivas, e o poema esboroa-se no rasto da criança.

Carlos de Oliveira (1921-1981)

[Dibujo infantil (IV)
Al crepúsculo, bajó por fin la escalera y entró en la atmósfera espesa del corredor; parecía fluctuar; tenía el rostro sombrío, el pelo caído hacia los ojos y había jurado nunca más comer carne, aunque fuese condenado toda la vida a las ampollas de suero nutritivo diluido en leche.
Empujó despacio la puerta de la cocina, donde el fuego tornaba el cobre color de sangre, y recordó otra vez los animales inmolados sobre las losas del patio. Había un bulto inclinado hacia la lumbre, una criada sin duda, entregada al ritual de las llamas: alimento, calor, supervivencia diaria.
Continuó hacia delante con el mismo paso aéreo y salió de la cocina; si alguien lo viese ahora pensaría en un caso de sonambulismo: «cuando despierte regresará»; tal vez, pero las palabras titubean de repente, inciertas, disyuntivas, y el poema se disgrega en el rastro del niño.]

21 de junio de 2007

Luandino

Poeta, cuentista, novelista y traductor angoleño, hijo de colonos portugueses, José Luandino Vieira (1935) llegó a Angola con tres años de edad, y adoptaría esa nacionalidad a través de su lucha por la independencia contra Portugal. Preso en 1961 por su vinculación al MPLA, en 1963 fue desterrado a la Colónia Penal do Tarrafal, en Cabo Verde, de donde pasó a Lisboa ya en 1972 para vivir en régimen de libertad condicional y de residencia fija. Regresó a Angola en 1975, donde desempeñó una intensa tarea en la construcción del país ya independiente, tanto en la televisión pública como con su labor de escritor. En 2006 fue galardonado con el Premio Camões, el más importante de las letras en lengua portuguesa, que sin embargo rechazó por razones personales. Entre sus libros se destaca la novela breve A vida verdadeira de Domingos Xavier (1961), el volumen de cuentos Luuanda (1963), o la novela Nosso musseque (escrita en prisión entre 1961 y 1962, y publicada sólo en 2003). Su preocupación mayor es la desigualdad, el hambre, la represión, la vida de la gente del pueblo angoleño, y simultáneamente la búsqueda de una expresión mestiza, que parte del portugués de Angola para crear nuevo lenguaje, incluso mezclándolo con alguna de las lenguas de su país, el quimbundo, dominante en la capital, Luanda.

En A vida verdadeira de Domingos Xavier un tractorista es arrestado por la policía política salazarista en Angola, y conducido a un centro de detención en Luanda. Simultáneamente, Zito, un niño de un musseque (barrios de chabolas de los alrededores de Luanda) ve cómo lo llevan arrestado. Se inicia así una cadena de solidaridad informativa para saber quién es el arrestado y cómo ayudarlo, desde el abuelo de Zito hasta los dirigentes de la lucha anticolonial. Mientras, Maria, la mujer de Domingos Xavier, busca a su marido, al tiempo que se narra el proceso de interrogatorio y la resistencia de ese hombre inocente que se niega a confesar lo poco que sabe.
El estilo es sencillo, rico en matices, lírico en ocasiones y directo, duro en otras. Tanto la voz del narrador como la de los personajes está salpicada de expresiones en quimbundo, de palabras, nombres de pájaros, árboles, frutos, de formas de dirigirse a las personas (afortunadamente hay un glosario al final), lo que convierte la lectura en un viaje sonoro.
José Luandino Vieira narra lo que sufrió en su propia piel: la represión, la tortura, la cárcel bajo un régimen colonial fascista. Sin embargo, el valor de su obra no se queda en lo que tiene de testimonio contra la injusticia y de canto a la libertad. La libertad está además en su lenguaje, en el mestizaje que realiza, en su estilo tan sencillo como contundente, de raíz múltiple. Por desgracia, y sorprendentemente, todavía no se ha traducido al español a este autor, fundamental en la narrativa africana y en la prosa en lengua portuguesa. Algunas de sus obras principales, sin embargo, se encuentran traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, ruso y sueco.

20 de junio de 2007

quelhas

Rua do Quelhas

17 de junio de 2007

en blanco y negro


En blanco y negro. Como los sueños. Como los miedos. ¿Eran así, antes?

colina

Ruy Belo

Na colina do instante


Há um cheiro de absinto quando os capricórnios
da casca apodrecida dos carvalhos velhos
iniciam seu voo pelo mês de Junho
Colhemos avelãs ao longo do jardim
onde as tílias ao vento espalham o aroma
A frescura da fruta vence o sol rasante
Somos quem fomos caminhamos tão de leve
temos tamanha dignidade de crianças
que nem a morte aqui de nós se lembraria
nem mesmo a monstruosa flor de outros destinos
nem qualquer outra das repúblicas do ódio
encresparia o calmo mar do fim da tarde
É à celebração sagrada do acaso
à festa da essência mineral do mundo
que o sol procede no segredo deste templo
A tarde é tudo e tudo são caminhos
Somos eleitos cúmplices da hora
Aqui não chega o desatino do verão
esqueço a aversão dos meus antepassados
e levanto-me sobre a derradeira luz
Por instantes sou eu ninguém morreu aqui
ó minha vida esse processo que perdi

Ruy Belo (1933-1978)

Y mi traición al español:

[En la colina del instante
Hay un olor de ajenjo cuando los capricornios / de la corteza podrida de los robles viejos / inician su vuelo hacia el mes de junio / Cogemos avellanas a lo largo del jardín / donde los tilos al viento dispersan el aroma / La frescura de la fruta vence al sol rasante / Somos quienes fuimos caminamos tan levemente / tenemos tal dignidad de niños / que ni la muerte aquí de nosotros se acordaría / ni siquiera la monstruosa flor de otros destinos / ni cualquier otra de las repúblicas del odio / encresparía el calmo mar del fin de la tarde / Es a la celebración sagrada del azar / a la fiesta de la esencia mineral del mundo / que el sol procede en el secreto de este templo / La tarde es todo y todo son caminos / Somos escogidos cómplices de la hora / Aquí no llega el desatino del verano / olvido la aversión de mis antepasados / y me levanto sobre la postrera luz / Por momentos soy yo nadie murió aquí / oh mi vida ese proceso que perdí]

14 de junio de 2007

guindastes


Verticales sobre el río. Picos voraces alzados hacia el cielo. Multitud inmóvil de los puertos.

13 de junio de 2007

balada de Cardoso Pires

Balada da praia dos cães (1982, Balada de la playa de los perros), la obra más celebrada de José Cardoso Pires (1925-1998), forma parte de un conjunto compuesto por novelas tan interesantes como O Delfim (1968, que me gustó, aunque a cierta altura me sentí algo perdido) o Alexandra Alpha (de 1987, es en mi opinión su mejor novela), así como la pieza de teatro Corpo-delito na sala de espelhos (1980) o los relatos de O burro em pé (1979), además de ensayos y artículos. En toda la producción de Cardoso Pires son temas importantes la dictadura de Salazar (de la que fue disidente), el poder autoritario, la vida canalla y los bajos fondos lisboetas.
Al hilo de un crimen real ocurrido en 1960, y sobre el cual el autor tuvo información privilegiada de manos de uno de sus autores, arranca esta novela que relata la investigación del asesinato del mayor Dantas Castro (en la ficción; en la realidad fue el capitán Almeida Santos) a manos de sus cómplices (Mena, amante de la víctima, el joven arquitecto Fontenova y el cabo Barroca) en una supuesta trama conspirativa contra el régimen de Salazar. El jefe de brigada Elias Santana (apodado Covas, un funcionario solitario, lúbrico y cínico) es el hilo conductor de una historia referida por un narrador omnisciente en tercena persona que describe y cuenta con un tono mordaz, a menudo cediendo la voz al personaje de Elias y a otros. Transcurre en diversos momentos de 1960 que se mezclan al hilo de la investigación, en forma de recuerdos y testimonios entrelazados con la narración lineal (si bien hay alusiones a una mirada del propio autor desde el presente de la publicación: 1982), principalmente en Lisboa, además de en Elvas, en la llamada Casa da Vereda (cerca de la sierra de Sintra) y en la Praia do Mastro. Junto al narrador y a las voces de los personajes, el autor añade noticias y fragmentos de la prensa, así como materiales del proceso adaptados a la ficción, de modo que es el lector quien ha de articular y ordenarlo todo en una lectura participativa.
Balada da praia dos cães es una excelente novela, sobre todo por su estructura y por la forma magistral de jugar con la realidad y la ficción, creando una verdadera metaficción, reflexión sobre una realidad que ya es diferente de la que supuestamente representa en el plano de la novela, puesto que no se lleva a cabo una simple transposición de hechos, sino que se construye otra realidad. Y en esa realidad nueva, Cardoso Pires juega y trastoca las reglas del género policial, apenas ofrece respuestas, mientras se multiplican las preguntas y los enigmas. Así, el crimen y su investigación no son sino un pretexto para trazar un excelente retrato de los años más grises de la dictadura salazarista, y en particular de la forma de trabajar de la Policía Judicial y de la temible PIDE, de la represión, de la vida en un régimen de miedo y sumisión, y con alusiones a la censura, al imperialismo portugués de la época (la independencia de las colonias en la India)… Resta un vago tono de sucio erotismo, de calles vacías en la noche de una Lisboa provinciana y ahogada por el fascismo, de calabozo y de interrogatorio prolongado por el propio placer sádico del jefe Covas, y el extraño cuarteto de conspiradores comandado por un mayor impotente, en todos los sentidos de la palabra: ante la torturada Mena y ante la dictadura.

11 de junio de 2007

esperar


Hay que subir la Calçada do Combro, doblar la esquina hacia el Adamastor y pasar a la esplanada que hay junto al miradouro frente al Tajo. Los libros, los materiales de estudio o trabajo, son apenas una excusa: allí se va a esperar. ¿Esperar qué? Nadie lo sabe todavía. Algunos días contamos cargueros de paso, melancólicos, lentos, como aquél que portaba la estatua de Lenin, Danubio abajo, en la película de Theo Angelopoulos. Lástima que el griego no cambie los Balcanes por Lisboa, aunque sea por una vez: aquí podría rodar otra película hermosa: sólo tendría que añadir la niebla. O ni siquiera.
A veces callamos, e inevitablemente escuchamos conversaciones ajenas, ese juego tan viejo que consiste en unir frases cazadas al vuelo y tratar de imaginarles un argumento más amplio, una historia, tal vez una vida. Lisboetas y extranjeros pierden la mirada en el ancho río y hablan sin dar importancia a las palabras más importantes: “Amanhã falo com a Teresa”, le dice una mujer madura a un hombre de ojos húmedos, “vais ver que tudo se arranja, Zé”; “I feel like an asshole, Joana”, lamentan los labios temblorosos al teléfono móvil, como si cantara, “now I know I should have told him before, but I’m always wrong, I’m always getting late, it’s the same song, the same song”; “Eh, pá, que seca!”, se queja un adolescente a su amigo, “parece que vai chover, já chega”. Y es cierto, nubes grises, lentas como los buques del estuario, han ido borrando los escasos huecos de azul: todo indica que de aquí a nada lloverá.
En una tarde cualquiera, Zé y Teresa hablan en la mesa de al lado. Ella le pregunta por su hijo de diez años, pero la música de la terraza pone barreras a las palabras. Minutos después él le propone un viaje, solos, “porque uma viajem dá para encontrarmos soluções”, horas de asfalto y conversación para cubrir espacios vacíos y heridas abiertas. De Lisboa a Córdoba, la semana que viene. Después silencian. También parecen esperar, con o sin esperanza, contra la luz de mercurio del río.
Hay que esperar que nada ocurra. En la terraza, frente al río surcado por el puente rojo, ante la suma de tejados y gaviotas que da forma al espacio intermedio. Hay que esperarlo, porque siempre ocurre algo.

6 de junio de 2007

biografia


Biografia


Tive amigos que morriam, outros que partiam
Outros quebravam o seu rosto contra o tempo.
Odiei o que era fácil
Procurei-me na luz no mar no vento.

Sophia de Mello Breyner Andresen

5 de junio de 2007

saudade, fado

Já houve numerosos autores que falaram e escreveram sobre o assunto. Desde Fernando Pessoa até o italiano (e pessoano) Antonio Tabucchi. O fado e a saudade são termos exclusivos da língua portuguesa, não há equivalências noutras línguas: eis a riqueza da linguagem para criar realidades e sentimentos. Tais termos, porém, não só existem na cultura portuguesa (de Portugal), tal como pretende (ou silencia) Tabucchi ou como disse Pessoa, pois são hoje partilhados com outras terras, como o Brasil e Cabo Verde, Mozambique ou Angola (além da saudade galega, que ainda não sei se é tão semelhante). Lá temos a célebre e bela morna de Cesárea Évora, que canta com tristeza em crioulo “sodade, sodade, sodade dess nha terra São Nicolau”. Outro exemplo musical é a “Saudade do Brasil” que canta Elis Regina. No seu último romance, O outro pé da sereia, o moçambicano Mia Couto escreve: “A saudade é um morcego cego que falhou o fruto e mordeu a noite”. Não são portanto rasgos “nacionáis” exclusivos dos portugueses, mas sentimentos comuns a outros povos de língua portuguesa (e crioula).

É evidente, no entanto, que a maneira das pessoas sentirem a saudade muda segundo os diferentes elementos de cada identidade, além da nacionalidade, na qual são factores importantes a idade da pessoa, o género, a étnia, o nível cultural, o carácter mais ou menos sensível, etc. O sentimento é semelhante, seja um brasileiro ou um finlandês, mas só pode ser saudade ou fado se quem o sente é lusófono. O fado e a saudade são rasgos da língua, portanto, e não dos povos ou das pessoas: é algo que só a língua portuguesa nomeia, e essa designação descreve um sentimento complexo, por vezes fatalista e por vezes melancólico. A linguagem é criadora de realidade, e desta maneira a descrição de um sentimento acaba por designar um sentimento diferente: a saudade já é “outra coisa”.

O fado é não só um sentimento, mas também uma música, essa sim só portuguesa… hoje. Porque o fado, segundo alguns estudos musicológicos, nomeadamente dos professores José Ramos Tinhorão e Rui Vieira Nery, como quase todas as músicas, é produto duma mistura. Neste caso, é provável que a origem mais remota do fado se encontre na dança lundum, nascida no Brasil colonizado, mistura de danças e músicas portuguesas e dos escravos africanos de origem bantu.

Tudo isto não quer dizer que a saudade e o fado não sejam originais e exclusivos da cultura ou da forma de sentir portuguesas: ao contrário, a sua riqueza e o seu maior valor fundamentam-se no seu carácter ao mesmo tempo português, na sua origem, e hoje universal, fruto da mistura e do intercâmbio cultural ao longo dos séculos, património da língua portuguesa, mas não signos de um pretendido essencialismo nacional.

3 de junio de 2007

Sá-Carneiro y la confesión


Mário de Sá-Carneiro es conocido como fundador del modernismo literario portugués junto con su amigo Fernando Pessoa, con quien dirigió la revista
Orpheu. En su obra tienen relevancia ciertos elementos del simbolismo y del decadentismo de finales del siglo XIX. De su producción poética destaca Dispersão (1914) y el poemario Indícios de oiro (publicado póstumamente en 1937). En prosa de ficción, además de su obra más conocida, la novela breve A confissão de Lúcio (1914), destaca el volumen de relatos Céu em fogo (1915). Mário de Sá-Carneiro fue un ser atormentado, y uno de esos escritores tan luminosos como fugaces (escribió su obra en cuatro años). Puso fin a su vida en París en 1916, con apenas 26 años.

En
A confissão de Lúcio el narrador, Lúcio, cuenta diez años después, tras su salida de prisión, la verdad, por inverosímil que sea, de cómo fue inculpado de un crimen que no cometió: Lúcio conoce en París a Ricardo de Loureiro en una fiesta de una rica americana que se inmola en una danza de fuego. Con el tiempo su amistad se hace más cómplice e intensa, si bien Ricardo le confiesa que es incapaz de sentir afecto por nadie, a no ser que lo posea sexualmente, lo cual él mismo descarta ya que Lúcio es un hombre. Regresa a Lisboa, y cuando Lúcio lo visita tiempo después lo encuentra cambiado y viviendo con una extraña mujer, Marta, de belleza y sensualidad perturbadoras, que parece no tener pasado ni vida propia. Lúcio inicia una relación sexual con Marta que, lejos de alejarlo de Ricardo, parece estrechar su amistad y afecto. Cuando tiempo después el atormentado Lúcio le reprocha a Ricardo que no reaccionase ante la infidelidad de su mujer, éste, atormentado, le muestra la verdad, que yo no voy a revelar para no aguarle la fiesta a quien prefiera descubrir las cosas por su propio pie.
Destaca el aire decadentista de esta novela que trata con maestría el tema del otro, la amistad en sentido totalizador, lo inverosímil hecho realidad y la ambigüedad de género y sexual. Entre París y Lisboa, la acción comienza y termina en torno a 1910, y lo narrado por Lúcio ocurre entre 1895 y 1900. El texto se divide en una breve introducción y ocho capítulos igualmente breves. El recurso a la narración desde el presente permite al autor servirse de las elipsis y silencios, de máscaras, de los olvidos del narrador, los puntos suspensivos. Todo ello no hace sino enriquecer las interpretaciones de la novela.
A confissão de Lúcio es un clásico, una obra emparentada con el Dorian Gray de Oscar Wilde, anterior a ella, y con otra posterior, Orlando, de Virginia Woolf. Su riqueza estriba en la multiplicidad de lecturas e interpretaciones que ofrece, fruto de la ambigüedad narrativa y de las alusiones entre líneas. El tema de la alteridad, recurrente en la época (y común a Pessoa) es patente. Tiene, desde luego, una lectura queer, relacionada con la indefinición de género en Ricardo/Marta, ente de ficción o real (que sea una cosa u otra hace que la relación con Lúcio sea de carácter homosexual o un simple adulterio).
Al margen de las lecturas y sugerencias de todo tipo, el texto produce un gran placer, se lee con intensidad y en una o dos sentadas. Y eso, que puede ser entendido como una ventaja, acaba por ser una lástima, como pasa con todo lo bueno cuando es breve.

31 de mayo de 2007

jacarandás


Em Lisboa é tempo de jacarandás: já cá randá: anda cá já: campânulas lilases no alto e no chão: pintam o ar e os olhos por dentro: jacarandeio: jacarandeamos: já cá andaremos

30 de mayo de 2007

registros

Desde que vivo aquí no deja de sorprenderme la proximidad y la lejanía que existe entre portugueses y españoles, la multiplicidad de gestos, rasgos culturales y sociales que aproximan y distancian a los ibéricos. Y si hay algo que me resulta diferente y extraño son las formas de relacionarse.
En general (pero ya empezamos a generalizar…) los portugueses son afables, muy educados y extremadamente formales en el trato. Es algo que compruebo a diario. Aquí lo normal, lo estandarizado, es dirigirse a las personas de usted; y no sólo a desconocidos, al vecino o al tendero, sino también a los compañeros de trabajo, a los viejos conocidos, a la familia lejana. El tuteo se reserva a los amigos de toda la vida, a familiares próximos o a gente joven (y no siempre). Está claro que en determinados ambientes las reglas no se cumplen: hay tanto jóvenes que tutean casi siempre, como padres que se dirigen a sus hijos pequeños con la distancia que marca la tercera persona y el usted, en una pirueta de esnobismo impar: “Vasco, não se mexa e coma como deve ser!” (“Vasco, ¡no se mueva y coma como debe ser!”). En un registro formal cotidiano se suele usar la expresión “o senhor / a senhora” para dirigirse a alguien, pues incluso el “você” implica cierta confianza y puede resultar inapropiado (para los brasileiros, sin embargo, es el vocativo normal). De hecho, si el interlocutor es ingeniero o profesor, o tiene el título de doctor, las convenciones dicen que es preciso llamarlo “Engenheiro”, “Professor” o “Senhor Doutor”, seguido o no de los apellidos (y cuantos más apellidos, mejor). Pero cuando no se sabe bien cómo llamar a una persona, lo mejor es decir “Senhor doutor” (aunque sea arrastrado hasta pronunciar 'So-tor'), no vaya a ser que nos topemos con Alguien. Afortunadamente, muchos portugueses saben reírse de estas cosas, lo cual da pie a situaciones divertidas (a mí todavía me pasa que cuando me dicen “o senhor” pienso que se refieren a un tercero invisible para mí, pero no para mi interlocutor). Mientras tanto, en España, y quizá se trate de un fenómeno de los últimos treinta años, los usos formales se han ido atenuando y limitando a determinados contextos, e incluso el “usted” parece estar en retroceso.
Sea como sea, buena parte de los portugueses cuidan mucho su lenguaje. Hasta para insultar. Es raro oír a alguien espetarle a otro un “meu cabrão”, y menos aún un “seu filho da puta”. En cambio, oiremos más “seu camelo”, que suena muy zoológico, o como mucho “seu sacana” (o sea “canalla”). Es más frecuente oír “Porra!” o “Chiça!” que “Foda-se!” (nuestro “¡joder!”), o “está um frio do caraças” antes que “está um frio do caralho” (que me suena mais galego). Porque cuando usan un palavrão (taco, palabrota) de los duros, el contexto no marca el uso: se usa para ofender o para desahogarse, y punto. En español (me refiero al de España sobre todo), sin embargo, los tacos e insultos han rebasado el uso grosero para formar parte del registro popular, y con una significación diferente según el contexto. No es lo mismo decir “qué hijoputa (o cabrón) eres”, con una palmada en el hombro y arrastrando los sonidos de la frase, que largar un lento “eres un hijo de puta (o un cabrón)” con el rostro helado. El contexto, el gesto y el registro crean la polisemia.
No me atrevo a sacar conclusiones, por miedo a generalizar (aún) más, y porque no he pretendido escribir nada serio, apenas un apunte improvisado. Pero se entiende que algunos portugueses (conocidos míos o a través de referencias) tengan a los españoles como gente ruda, ruidosa, prepotente y hasta mal educada. A ello se suma la presencia masiva y en manadas de turistas que, a ojos de algunos, se comportan a veces como genuinas hordas de Atila. Pero sobre los turistas españoles en Portugal habría mucho que decir, y me temo que no todo sería favorable. Debe de ser también un problema de contextos, gestos y registros.

29 de mayo de 2007

fado de la derrota

Fado alexandrino (1983) es la quinta novela de António Lobo Antunes, y una de las más extensas de su producción (696 páginas en la edición ne varietur de Dom Quixote). En ella se mantienen algunos de los temas centrales de sus novelas anteriores, como la guerra de África, la experiencia de Lisboa como ciudad marchita, la memoria de la infancia y juventud, o la difícil relación con lo femenino. Sin embargo, es una novela innovadora y precursora de procedimientos narrativos que serán habituales en novelas posteriores.
El argumento narrativo puede resumirse así: En una noche de 1982 en Lisboa, a lo largo de una cena de excombatientes de la guerra de Mozambique (del contingente de 1970-1972), así como en la posterior juerga en un prostíbulo y en casa de uno de ellos, cuatro hombres (designados como el soldado, el alférez, el oficial de transmisiones y el teniente coronel) narran a otro (a quien se refieren como “mi capitán” y que se limita a escuchar sin apenas intervenir) el horror de la guerra, su experiencia frustrada en Lisboa antes, durante y después de la revolución, y su difícil relación con las mujeres. Entre los delirios del alcohol y la decadencia, hacia el final uno de ellos muere a manos de otro.
El quinto personaje, ese capitán que no narra historia alguna, es en realidad una conciencia recolectora del relato de esas voces, y ejerce en suma como narrador oculto de la historia, mezclando la tercera persona con las voces de cada uno de los cuatro personajes. La novela consta de un tiempo presente, el del discurso múltiple, que se desarrolla a lo largo de toda una noche y la mañana siguiente. Entremezclado está lo que refieren los cuatro personajes sobre su pasado, las historias de la guerra, del regreso a Lisboa, sus tropiezos y desengaños existenciales, la incomunicación y el desencuentro amoroso en todos ellos.
La estructura formal está organizada con gran precisión: hay tres partes, cada una de ellas subdivididas a su vez en doce capítulos. Las tres partes, siempre con el presente en 1982, acumulan los testimonios de los personajes en una progresión cronológica, y toman su nombre del eje temporal, la revolución del 25 de Abril: Antes de la Revolución, La Revolución y Después de la Revolución. Sin embargo, el propio hecho histórico y sus consecuencias no marcan tanto la vida de los personajes como su experiencia de la guerra, germen de la deshumanización, primera destrucción de una larga serie en la que son particularmente deletéreas las relaciones conyugales y sexuales con el género femenino, que resultan en todos los casos decepcionantes o frustradas.
En cuanto a la manera de organizar el discurso, el recurso al entrecruzamiento de voces y tiempos en una misma frase funciona sin que el lector caiga en confusiones. Por otra parte, la creación de imágenes, a menudo sórdidas, las descripciones de la abyección y el escepticismo están cargados de una poesía sucia, que sin embargo nunca resulta vulgar (porque no se pretende realista).
Quizá esa sea la mayor valía de la escritura de Lobo Antunes: su capacidad para sumergirse en lo menos confesable de los seres humanos, en lo mezquino y en lo grotesco, y en extraer de allí una rara poesía, una narrativa poderosa que atrapa en sus ritmos, que discurre con fluidez. Si en Os cus de Judas la voz era solitaria, aquí el río es múltiple, las voces están bien diferenciadas, así como sus respectivas historias, y sin embargo los hilos confluyen progresivamente, lentamente se teje una trenza cada vez más estrecha que une las existencias dañadas de los personajes. Fado alexandrino guarda muchas sorpresas, y quizá la mayor de ellas, que viene a romper la misoginia dominante en las voces masculinas, es el penúltimo capítulo, narrado por la criada Esmeralda, cargado de intensidad y sugerencias, de una extraña ternura que contrasta con el resto de este libro tan extenso como intenso.

28 de mayo de 2007

blogueo


Apenas cinco meses malnutriendo este bicho (blog, bitácora, un reptil obeso) sin saber a ciencia cierta por qué ni para qué ni para quién, y pensando en la paradoja que supone este vacío de cebar una cosa llamada blog: en la suma de la resta. Pero blog, qué cacofonía vomitiva; porque al cabo se trata de eso, de modo que el soporte, ya elevado a la categoría de género, resulta de una onomatopeya: blogueo: vómito de frases: verblogrea.

24 de mayo de 2007

H.H.

(a carta da paixão)

Esta mão que escreve a ardente melancolia
da idade
é a mesma que se move entre as nascentes da cabeça,
que à imagem do mundo aberta de têmpora
a têmpora
ateia a sumptuosidade do coração. A demência lavra
a sua queimadura desde os seus recessos negros
onde
se formam
as estações até ao cimo,
nas sedas que se escoam com a largura
fluvial
da luz e a espuma, ou da noite e as nebulosas
e o silêncio todo branco.
Os dedos.
A montanha desloca-se sobre o coração que se alumia: a língua
alumia-se: O mel escurece dentro da veia
jugular talhando
a garganta. Nesta mão que escreve afunda-se
a lua, e de alto a baixo, em tuas grutas
obscuras, a lua
tece as ramas de um sangue mais salgado
e profundo. E o marfim amadurece na terra
como uma constelação. O dia leva-o, a noite
traz para junto da cabeça: essa raiz de osso
vivo. A idade que escrevo
escreve-se
num braço fincado em ti, uma veia
dentro
da tua árvore. Ou um filão ardido de ponta a ponta
da figura cavada
no espelho. Ou ainda a fenda
na fronte por onde começa a estrela animal.
Queima-te a espaçosa
desarrumação das imagens. E trabalha em ti
o suspiro do sangue curvo, um alimento
violento cheio
da luz entrançada na terra. As mãos carregam a força
desde a raiz
dos braços, a força
manobra os dedos ao escrever da idade, uma labareda
fechada, a límpida
ferida que me atravessa desde essa tua leveza
sombria como uma dança até
ao poder com que te toco. A mudança. Nenhuma
estação é lenta quando te acrescentas na desordem, nenhum
astro
é tão feroz agarrando toda a cama. Os poros
do teu vestido.
As palavras que escrevo correndo
entre a limalha. A tua boca como um buraco luminoso,
arterial.
E o grande lugar anatómico em que pulsas como um lençol lavrado.
A paixão é voraz, o silêncio
alimenta-se
fixamente de mel envenenado. E eu escrevo-te
toda
no cometa que te envolve as ancas como um beijo.
Os dias côncavos, os quartos alagados, as noites que crescem
nos quartos.
É de ouro a paisagem que nasce: eu torço-a
entre os braços. E há roupas vivas, o imóvel
relâmpago das frutas. O incêndio atrás das noites corta
pelo meio
o abraço da nossa morte. Os fulcros das caras
um pouco loucas
engolfadas, entre as mãos sumptuosas.
A doçura mata.
A luz salta às golfadas.
A terra é alta.
Tu és o nó de sangue que me sufoca.
Dormes na minha insónia como o aroma entre os tendões
da madeira fria. És uma faca cravada na minha
vida secreta. E como estrelas
duplas
consanguíneas, luzimos de um para o outro
nas trevas.

Helberto Helder (1930)


Y aquí, una traducción improvisada:

(la carta de la pasión)

Esta mano que escribe la ardiente melancolía
de la edad
es la misma que se mueve entre las fuentes de la cabeza,
que a la imagen del mundo abierta de sien
a sien
aviva la suntuosidad del corazón. La demencia labra
su quemadura desde sus recesos negros
donde
se forman
las estaciones hasta la cumbre,
en las sedas que fluyen con la anchura
fluvial
de la luz y la espuma, o de la noche y las nebulosas
y el silencio todo blanco.
Los dedos.
La montaña de desplaza sobre el corazón que se alumbra: la lengua
se alumbra: La miel oscurece dentro de la vena
yugular tallando
la garganta. En esta mano que escribe se sume
la luna, y de alto a bajo, en tus grutas
oscuras, la luna
teje las ramas de una sangre más salada
y profunda. Y el marfil madura en la tierra
como una constelación. El día lo lleva, la noche
lo trae junto a la cabeza: esa raíz de hueso
vivo. La edad que escribo
se escribe
en un brazo hincado en ti, una vena
dentro
de tu árbol. O un filón ardido de punta a punta
de la figura cavada
en el espejo. O aun la hendidura
en la frente por donde comienza la estrella animal.
Te quema el espacioso
desorden de las imágenes. Y trabaja en ti
el suspiro de la sangre curva, un alimento
violento lleno
de la luz entrelazada en la tierra. Las manos cargan la fuerza
desde la raíz
de los brazos, la fuerza
maneja los dedos al escribir de la edad, una llama
cerrada, la límpida
herida que me atraviesa desde esa levedad tuya
sombría como una danza hasta
el poder con que te toco. La mudanza. Ninguna
estación es lenta cuando te enalteces en el desorden, ningún
astro
es tan feroz agarrando toda la cama. Los poros
de tu vestido.
Las palabras que escribo corriendo
entre la limadura. Tu boca como un agujero luminoso,
arterial.
Y el gran lugar anatómico en que pulsas como una sábana bordada.
La pasión es voraz, el silencio
se alimenta
persistentemente de miel envenenada. Y yo te escribo
toda
en el cometa que te envuelve las caderas como un beso.
Los días cóncavos, las cuartos anegados, las noches que crecen
en los cuartos.
Es de oro el paisaje que nace: lo tuerzo
entre los brazos. Y hay ropas vivas, el inmóvil
relámpago de las frutas. El incendio tras las noches corta
por el medio
el abrazo de nuestra muerte. La base de las caras
un poco locas
engolfadas, entre las manos suntuosas.
La dulzura mata.
La luz salta a chorros.
La tierra es alta.
Tú eres el nudo de sangre que me sofoca.
Duermes en mi insomnio como el aroma entre los tendones
de la madera fría. Eres un cuchillo clavado en mi
vida secreta. Y como estrellas
dobles
consanguíneas, lucimos de uno a otro
en las sombras.

La poesía de Herberto Helder (la poca que he leído aún) es un río que fluye entre sombras, con el misterio y la sorpresa en cada salto de verso, como un manantial de aguas vivas. Y como las aguas, ceban la raíz.

Para saber más sobre este poeta, véase por ejemplo aquí, o, en español, aquí.

22 de mayo de 2007

centro e periferia

Queria colocar aqui algumas impressões deste estrangeiro sobre a cidade de Lisboa como centro e periferia, assim como sobre a capital perante a ou em relação com o resto de Portugal. É certo que ainda é cedo, depois de apenas oito meses de viver em Lisboa, para me ter formado uma opinião sólida, fundada em leituras e escutas, mas vou tentar ao menos bosquejar algumas sensações.

Já desde a primeira vez que pus os pés em Lisboa, após uma viagem de comboio (no inefável “Lusitánia Express”) na Primavera de 1993, tive a viva impressão de estar numa capital-puzzle, num labirinto de mil faces, com um centro de capital europeia moderna e um aglomerado de aldeias à sua volta. Depois, em sussesivas visitas, em parte mudei essa sensação e em parte a confirmei (o labirinto multiface, com toda a sua capacidade de sugestão, é sempre o mesmo e sempre diferente). Os meus passeios e algumas conversas, além de certas leituras e filmes e da rádio e a televisão, fizeram-me ver que Lisboa é decerto uma capital e simultaneamente um rico agregado de bairros que funcionam como aldeias, uma mistura de capital cosmopolita (também na vanguarda artística e cultural) e grande cidade provinciana, e um centro que mergulha as suas raízes na vida rural. Neste aspecto tem numerosas semelhanças com Madrid (e tantas diferenças, felizmente para Lisboa).

Carlos Botelho (1899-1982)

Há muitos Portugais. É frequente estabelecer uma certa divisão ideológica entre o Norte conservador e o Sul mais progressista; e uma separação económica, entre o interior escasso de recursos e o litoral mais rico. Mas também há muitas Lisboas. Além dos extremos (o luxo de Restelo e a miséria dos bairros de barracas), Lisboa é uma cidade entre o campo e a capital, o interior virado à ribeira, mas em termos socio-económicos destaca-se sobretudo a mistura social: os bairros nem sempre estão claramente separados. E desde há décadas é uma capital multicultural, de maneira que a relação centro-periferia não pode limitar-se a Portugal, mas também às ligações com as antigas colónias, nomeadamente os chamados PALOP (Cabo Verde, Angola, Moçambique, Guiné Bissau e São Tomé e Príncipe) e os seus nacionais: no centro, nos transportes, nos bairros, a presença activa dos imigrantes na cidade é evidente. São ligações fundadas na necessidade de mútuo dessenvolvimento económico e pessoal, e nem sempre são relações harmónicas. As injustiças, o racismo e o etnocentrismo próprio das sociedades europeias, além da necessidade gregária dos próprios imigrantes perante a sociedade de acolhimento, dificulta a integração (que não devemos confundir com a assimilação). O encarecimento do preço da habitação (fenómeno ibérico, receio), finalmente, fez com que grande parte da população de classe operária tivesse de procurar casa nos concelhos e cidades em redor da capital. Por isso Lisboa em si própria é centro e periferia: lugar de trabalho para muitos, que pouco a pouco perde habitantes, enquanto as cidades próximas (Amadora, Odivelas, Almada…) virão a ser cidades dormitório.

Lisboa foi e é o centro magnético que atrai os portugueses da periferia, do interior, do Norte, do Sul e das ilhas da Madeira e dos Açores. É acertada a ideia de que Lisboa precisa de estímulo e de ligação ao restante país, que a capital está formada por migrantes, que é importante não perder as ligações à terra. Mas a relação entre centro e periferia não fica por aqui, no território da saudade: o centralismo da capital pode ser um lastro para o desenvolvimento do resto de Portugal, com excepções evidentes (Porto, a costa turística algarvia). Seja como for, é óbvio que não pode existir o centro sem uma periferia que lhe dê sentido e forma, no humano, no social, no económico e no cultural.

20 de mayo de 2007

ainda está por vir

Vinte e Zinco, adaptación de una novela del escritor mozambicano Mia Couto, en el Teatro Nacional D. Maria II de Lisboa. La obra es una trasposición más que una adaptación, puesto que los propios personajes se desdoblan en narradores, tratando de mantener la mayor fidelidad al texto novelístico, lo cual es útil en términos de comunicación de ideas y acontecimientos, aunque poco hábil en términos dramatúrgicos. Cuenta la historia de un agente de la PIDE (la policía política del salazarismo) en Mozambique, en los días de la Revolución de los Claveles.

La pieza expresa con acierto la crudeza de las relaciones entre los colonos portugueses y los colonizados negros, la humillación cotidiana y el recurso a la tortura del régimen fascista, y lo hace mediante excelentes interpretaciones, así como con cuadros de danza contemporánea que ilustran la violencia y el terror. La arrogancia y el abuso de poder en Mozambique se quiebran con la revolución en Lisboa, el mundo de los represores se viene abajo también en las colonias, aunque no de manera tan drástica como en la metrópoli. Y con el derrumbe, los verdugos se convierten en niños atormentados por su pasado. Sin embargo, todavía pasaría más de un año hasta que Mozambique alcanzase su independencia, el 25 de junio de 1975.

Conquistada la libertad, la pobreza y la injusticia se obstinaría en Mozambique, donde muchos siguen viviendo en casas con tejado de zinc (zinco, de ahí el juego de palabras del título). Como repite el personaje de la hechicera africana, “Vinte e cinco é para vocês que vivem nos bairros de cimento. Para nós, negros pobres que vivemos na madeira e zinco, o nosso dia ainda está por vir”. Y así es: entonces y ahora, su día todavía está por llegar.

16 de mayo de 2007

Rego

Hacía tiempo que tenía la intención de escribir algo sobre Paula Rego, o siquiera mencionarla aquí; al fin me decido a hacer al menos algunos esbozos. Paula Rego (n. 1935) está considerada como una de las creadoras más importantes en el ámbito de la pintura de las últimas décadas. Nacida en Lisboa, la mayor parte de su producción se ha realizado en Londres, donde vive. Allí pudo conocer el trabajo de pintores como Kitaj, Francis Bacon o Lucian Freud, con los que tiene mucho en común en cuanto a estilo, así como el de ilustradoras y artistas gráficos que marcaron su propia creación.

Untitled. 1998.

La pintura de Paula Rego tiene una voluntad de provocación, el suyo no es un arte que se conforme con el logro estético. Por eso, y por la expresividad de muchas de sus figuras, se ha dicho que su gran maestro, su referencia primera, es Goya (y sobre todo el Goya de las pinturas negras y los grabados). Más allá de lo figurativo como enunciación del cuerpo o como representación de escenas, su pintura tiene un marcado carácter narrativo: cada cuadro de Paula Rego cuenta una historia, sugiere un pasado de la figura representada, a veces turbio, de sumisión y humillación, de injusticia; a veces descriptivo y de tono costumbrista, e incluso juega con lo onírico, con lo fabuloso y, claro, con lo grotesco y lo goyesco.

Two Women Being Stoned. 1995. Pastel sobre lienzo. 150 x 150 cm.

En Paula Rego hay voluntad de denuncia social, una conciencia rebelde, y más aún, desde una clara conciencia feminista. La condición de la mujer es un tema dominante en su pintura. Desde el maltrato (como en la pintura de arriba: dos mujeres lapidadas) hasta la sumisión. La serie Dog Woman, por ejemplo, muestra a mujeres que ahúllan, que parecen husmear como perros, o hurgar con el hocico entre su piel. Otra serie de la misma época son los cuadros sin título sobre el aborto (¿pero hay mejor manera de expresar la urgencia de un tema tan grave como la persecución del aborto que obviar el título?), que marcan en los años noventa su producción, y su madurez creativa. Hay en su pintura un evidente distanciamiento (y, por qué no, una crítica) de los cánones de belleza femenina: las mujeres de Rego no son delicadas, elegantes, seductoras, plácidas o amables. Son duras, expresan rabia o dolor, o tienen una fuerza y una gestualidad que rebasan las convenciones de lo que tradicionalmente se entiende por masculino y femenino.

Grooming. 1994. Pastel sobre lienzo. 76 x 100 cm.

Dogwoman. 1994. Pastel sobre lienzo. 100 x 76 cm.

También la violencia y la guerra han sido temas tratados en su pintura. En el cuadro War, por ejemplo, Paula Rego parece volver a cierto neosurrealismo que dominaba sus primeros cuadros, presentando una mirada sobre la guerra de Irak en donde aparecen figuras humanas y animales, a veces mezcladas, como esas figuras del Bosco. La denuncia no es, sin embargo, una lectura única. El poder sugestivo, narrativo, de la pintura de Paula Rego abre muchas otras lecturas y despierta sensaciones e ideas bien diversas, en cualquier caso abiertas a la interpretación de quien las observe.

War. 2005. Pastel sobre papel. 160 x 120 cm.

Hablar de la pintura de Paula Rego es hablar no sólo de sus obras para tela, sino también de su numerosa obra gráfica, grabados, litografías y aguafuertes, además de su labor en el campo de la ilustración, todas ellas parte destacable de su producción. Las series de Peter Pan o Jane Eyre apuntan en este sentido, como una recreación muy personal de clásicos literarios.

Come to me. 2001-2002. Litografía en color.

Para acabar, una impresión personal que vincula lo narrativo pictórico con la novela. Esa voluntad de mostrar el lado turbio, de desnudar la parte no confesable de las personas que hay en muchos de sus cuadros, creo que tiene un parangón en las novelas de Lobo Antunes. Yo al menos así lo sentí, y es probablemente una mera coincidencia, en el verano de 2004 en Porto. En aquellos días leía A ordem natural das coisas, y visité (repetidas veces) una exposición de Paula Rego en la Fundação Serralves. Entonces no pude evitar poner los rostros y las imágenes de los cuadros de la pintora a la narración de Lobo Antunes. Son asociaciones libres, claro, y por supuesto discutibles.

Algunos enlaces:
Paula’s Playground
The Saachi Galery – Paula Rego
Fundação Gulbenkian

13 de mayo de 2007

Agustina y la sibila

A sibila (1953, La sibila), segunda novela de Agustina Bessa-Luís (n. 1922), es la más conocida de su producción y fue la obra que consolidó a esta clásica de las letras lusas. Inserta en la última fase del modernismo portugués, su novelística ha sido adscrita al neorrealismo, aunque la denuncia social no parece ser dominante en su escritura. Bessa-Luís es balzaquiana en muchos sentidos, pero sobre todo en cuanto a su producción: más de 55 libros, entre ellos unas 35 novelas, algunas de ellas de gran éxito, como ésta que comento, así como Fanny Owen (1979) o Vale Abraão (1991).
A sibila narra la historia de Quina (apodada la sibila por sus dotes de intuición y astucia) y de su familia, habitantes de la casa da Vessada, a lo largo de tres generaciones. El punto de partida es el presente narrativo, en el que Germa, sobrina de Quina, visita la ruinosa casona y se pregunta por quién fue realmente su tía. Allí arranca un amplio regreso al pasado, siempre con el centro en Quina, personaje contradictorio y polifacético, al tiempo fría y de una ternura escondida, mujer hábil que rescata la hacienda familiar del naufragio. En sucesivos capítulos se narran las acciones y pensamientos de Quina, su relación con sus padres Francisco y Maria, con sus hermanos, con su sobrina Germa y con un ahijado, Custódio, un adolescente asilvestrado y necio por quien siente especial inclinación.
El tiempo narrativo abarca desde el último tercio del siglo XIX a la segunda década del XX, y la voz, un narrador omnisciente en tercera persona, parte del presente y vuelve a los orígenes de Quina y su familia, para seguir una narración lineal salpicada de saltos atrás y adelante, en función de referencias a actos, descripciones de caracteres, etcétera. Es una novela plenamente rural, ambientada en el norte de Portugal, lo cual está muy marcado en la caracterización del modo de vida (profundamente antiburgués, a pesar de ser una familia hacendada) y en la forma de relacionarse de los personajes, además de las descripciones de utensilios, vestimenta o muebles. La estructura puede decirse que es circular, en diecinueve capítulos, en el último de los cuales dicho círculo se cierra en el mismo momento en que había comenzado la narración, con la conversación de Germa y Bernardo en el presente.
Agustina Bessa-Luís tiene una prosa rica, que fluye como un caudal de sensaciones intensas, una escritura a menudo simbólica, intuitiva, apegada a lo sensitivo y a las raíces, y muy rítmica.
A sibila es una novela densa, construida con voluntad de convertirse en lo que es: un clásico. A diferencia de otros clásicos, sin embargo, no se asienta en un personaje de perfiles bien dibujados: si Quina resulta interesante se debe a que es difusa y contradictoria, enigmática, rígida y vulnerable a un tiempo. Es una novela escrita desde una clara conciencia femenina (aunque en modo alguno feminista, pues el peso de la tradición es ostensible), y donde el protagonismo es de dos mujeres: principalmente Quina, que se consolida como matriarca y centro de un mundo, y Germa, su opuesta y heredera, hija de la burguesía urbana, y mecha que enciende la narración, testigo de la vida de Quina.

9 de mayo de 2007

diálogo

Goce de la escucha, del juego de dos maestros de generaciones distantes que se encuentran y se entienden más allá del piano y la trompeta, del buen humor y los guiños, de las citas a los standards y la improvisación contemporánea: Martial Solal y Dave Douglas a dúo, anoche, como sacados de un cuento de Cortázar, dos cronopios en la noche de Lisboa, inventando otro lenguaje, dando nuevos sentidos a la palabra diálogo, llenando el aire de música, como si nadie lo hubiese hecho antes, como si la música, el jazz, la improvisación, fuese un invento de esa noche, a pesar de tantas otras noches.

5 de mayo de 2007

en todas partes

Están en todas partes, en cada calle y en cada plaza de esta ciudad herida de luz y enferma de nacimiento. Los hay nómadas, perdidos en una deriva sin fin, y los hay sedentarios, fijos en su lugar de siempre desde no se sabe cuándo.
En el Minipreço del barrio, en la Biblioteca Camões, en el Chiado, en el Cais do Sodré, en Rossio, en el Largo da Graça, en tantos sitios los encuentro, cumpliendo un ritual cotidiano. Son el mismo muchacho negro con cara de niño que se mece hacia delante y hacia atrás, como si tuviese un resorte interior, y que gime o masculla tonadas monótonas, la mirada perdida; el mismo pelirrojo de largas greñas bajo capas de mugre, con los ojos del Klaus Kinsky de Nosferatu; la misma joven de cuerpo grueso, siempre con una sonrisa que ilumina su plácida cara, y que saluda a los vecinos y paseantes; el mismo africano envuelto en una manta, que mantiene largas conversaciones con alguien a quien sólo él logra ver; el mismo exaltado que insulta a gritos a quienes no siguen su invitación a aparcar el coche donde él indica; el mismo ser inefable de rostro deformado por una enfermedad extraña que lo elefantiza desde hace años; la misma tullida de la pierna de alambres, siempre en la misma esquina de la Baixa.
Siempre los mismos y siempre diferentes, mudados de posición, presentes y ausentes para la ciudad que los ignora y excluye. Ellos y ellas son también Lisboa.

2 de mayo de 2007

Elsinore

Mário Cesariny (1923-2006)

You Are Welcome To Elsinore


Entre nós e as palavras há metal fundente
entre nós e as palavras há hélices que andam
e podem dar-nos morte violar-nos tirar
do mais fundo de nós o mais útil segredo
entre nós e as palavras há perfis ardentes
espaços cheios de gente de costas
altas flores venenosas portas por abrir
e escadas e ponteiros e crianças sentadas
à espera do seu tempo e do seu precipício

Ao longo da muralha que habitamos
há palavras de vida há palavras de morte
há palavras imensas, que esperam por nós
e outras, frágeis, que deixaram de esperar
há palavras acesas como barcos
e há palavras homens, palavras que guardam
o seu segredo e a sua posição

Entre nós e as palavras, surdamente,
as mãos e as paredes de Elsinore

E há palavras noturnas palavras gemidos
palavras que nos sobem ilegíveis à boca
palavras diamantes palavras nunca escritas
palavras impossíveis de escrever
por não termos connosco cordas de violinos
nem todo o sangue do mundo nem todo o amplexo do ar
e os braços dos amantes escrevem muito alto
muito além do azul onde oxidados morrem
palavras maternais só sombra só soluço
só espasmo só amor só solidão desfeita

Entre nós e as palavras, os emparedados
e entre nós e as palavras, o nosso dever falar

Mário Cesariny, Pena capital (1957)

[You Are Welcome To Elsinore
Entre nosotros y las palabras hay metal fundente / entre nosotros y las palabras hay hélices que andan / y pueden darnos muerte violarnos sacar / de lo más hondo de nosotros el más útil secreto / entre nosotros y las palabras hay perfiles ardientes / espacios llenos de gente de espaldas / altas flores venenosas puertas por abrir / y escaleras y punteros y niños sentados / a la espera de su tiempo y de su precipicio // A lo largo de la muralla que habitamos / hay palabras de vida hay palabras de muerte / hay palabras inmensas, que nos esperan / y otras, frágiles, que ya dejaron de esperar / hay palabras ardientes como barcos / y hay palabras hombres, palabras que guardan / su secreto y su posición // Entre nosotros y las palabras, sordamente, / las manos y las paredes de Elsinore // Y hay palabras nocturnas palabras gemidos / palabras que nos suben ilegibles a la boca / palabras diamantes palabras nunca escritas / palabras imposibles de escribir / porque no tenemos con nosotros cuerdas de violines / ni toda la sangre del mundo ni todo el abrazo del aire / y los brazos de los amantes escriben muy alto / mucho más allá del azul donde oxidados mueren / palabras maternales sólo sombra sólo sollozo / sólo espasmo sólo amor sólo soledad deshecha // Entre nosotros y las palabras, los emparedados, / y entre nosotros y las palabras, nuestro deber hablar]

Mário Cesariny (1923-2006) fue, además de pintor, el gran poeta surrealista portugués. La mala traducción sólo pretende ser fiel al original (y esto es tanto una disculpa como una afirmación).

1 de mayo de 2007

la lluvia

l a l l u v i a
l a l l u v i a
l a l l u v i a

l l l l l l
l l l l l l
uuuuuu
vvvvvvv
i i i i i i
aaaaaa

l l l l l l l l
l l l l l l l l
l l l l l l l l
l l l l l l l l
l l l l l l l l
l l l l l l l l

30 de abril de 2007

para siempre

Para sempre (1983) es una novela de madurez en la obra de Vergílio Ferreira (1916-1996), posterior a obras como Mudança (1949), que supuso el paso de su primera fase neorrealista a la existencialista que dominará su creación literaria, sin desdeñar cierto experimentalismo, el uso de la ironía y el recurso a la memoria. Antes de la que aquí comento escribió, entre otras, Manhã submersa (1954, llevada al cine por Lauro António en 1980), Aparição (1959), Alegria breve (1965), Nítido nulo (1972), y después Até ao fim (1987).
En Para sempre un hombre anciano regresa a su pueblo, al que no volvía hacía años, y su soledad toma la forma de un largo monólogo en el que recuerda su vida. En él entremezcla la infancia en la aldea y su desamparo de anciano solitario, el amor juvenil y la ausencia de su difunta mujer, Sandra (es el nombre de la propia mujer de Ferreira), el desapego de su hija Xana, y en ocasiones se proyecta o desdobla en otro yo: hacia atrás, en el niño, el adolescente, el hombre maduro que fue, con los que conversa; o hacia delante, en un anciano aún por venir.
El discurso se estructura en un monólogo del narrador-personaje, que recuerda y gira como en una espiral del tiempo, atravesando sus diferentes edades, toda su vida. El punto de inicio y final transcurre en el pueblo al que regresa, pero también hay más o menos difusas referencias a Soeira (¿Coimbra?) y Lisboa. El estilo es muy lírico, tal vez más por lo narrado que por el propio lenguaje, que por otra parte es rico y denso. Hay un cierto experimentalismo en la mezcla de tiempos, pero también en el propio narrador (que a veces usa la segunda persona para referirse a sí mismo: al que fue o al que es).
Se trata, en mi opinión, de una novela asombrosa, densa y triste, muy lírica, en la que Vergílio Ferreira mezcla con destreza tiempos, situaciones, personajes de un modo aparentemente aleatorio (digo aparentemente, pues todo fluye y sigue una coherencia interna, así como un hilo conductor: el de la propia identidad y el de su relación con la mujer). El “para siempre” de la novela es una búsqueda de absoluto en vida, en la única existencia que tenemos, poblada de palabras, de amor, dolor y memoria.

27 de abril de 2007

fuente

Caminamos, como otras tardes, hasta el jardín del museo, mirador abierto al inmenso río. Estuvimos solos largo tiempo, paseando sin palabras entre las estatuas tristes, o sentados frente a la Doca de Ancântara, abajo: el metal de los astilleros y el pitido del tren de Cascais definían la forma del silencio. No recuerdo ningún vuelo de gaviotas en el aire. Apenas palomas sucias rondaron nuestros pies, incautas. A mitad de la lectura cerraste el libro, sin decir nada te levantaste y caminaste hacia una escultura, como si la imagen de ese rostro de piedra iluminada te hubiese llamado. Te observé un momento, curioso, y pronto volví a mi libro. Tus pasos sobre la grava crujieron contra las líneas de un cuento, camino de otra estatua, más allá.

Estatua en el jardín del Museu de Arte Antiga.

Avancé con soltura durante varias páginas, hasta que una breve exclamación me devolvió a ese instante. Al fondo del jardín, entre los troncos oscuros y el ramaje denso, vi tu figura agachada frente a una losa de piedra o un relieve, no podía saberlo a esa distancia. Marqué la página y acudí con pasos lentos y torpes, como quien acaba de salir de otra historia. Comprendí entonces tu sorpresa: frente a ambos, esa fuente. Tras tantas visitas, nunca habíamos reparado en ella, y allí estaban en la tarde del silencio aquellos seis rostros de niños difuntos para gritarnos con sus seis bocas de silencio que no estábamos solos, que tal vez nunca habíamos estado solos, que la soledad es una quimera o una condena. Seis espantos de piedra y una tarde perdida para el silencio.

Fuente. Jardín del Museu de Arte Antiga.

25 de abril de 2007

claveles

Pintada en la Rua São Paulo

Hace 33 años que aquí acabaron con la dictadura más larga de Europa. Queda un día de celebraciones oficiales y una democracia semejante al resto de las europeas: autocomplaciente y adocenada como todas. La Revolución tuvo como uno de sus himnos la célebre canción de Zeca Afonso, Grândola vila morena. Su letra soñaba que "o povo é quem mais ordena". La historia es implacable.

24 de abril de 2007

limbo

Ahora que los clérigos del miedo dogmático han decidido abolir el limbo, ¿adónde iremos los niños ateos cuando se apague nuestra última llama? Treinta y cuatro abriles hoy: apenas un niño perdido en el limbo de las edades.

18 de abril de 2007

¿dónde?

¿Dónde, la luz?, ¿dónde? / ¿Dónde? En los ojos, en los ojos.


17 de abril de 2007

de la herida



Da ferida

Regresso, depois da litania,
à contemplação sem voz.
A memória da música é
amarga, quando estou só.
Os quartetos de Beethoven
arrancam-me uma parte
do corpo em substância.
Ferida, terei de ir ainda
à cidade dia a dia.

Fiama Hasse Pais Brandão, As Fábulas (2002).

[De la herida
Regreso, tras la letanía, / a la contemplación sin voz. / La memoria de la música es / amarga, cuando estoy sola. / Los cuartetos de Beethoven / me arrancan una parte / del cuerpo en sustancia. / Herida, aún habré de ir / a la ciudad día a día.]


Hace tres meses murió Fiama Hasse Pais Brandão (1938-2007), una de las voces poéticas más importantes en lengua portuguesa.

16 de abril de 2007

rastros

Sobre rastros mojados por la lluvia
la acrobática prédica del silencio.

Es como si pudieras oír,
como si todavía te amara.

Paul Celan

9 de abril de 2007

en el culo del mundo

En Os Cus de Judas (1979, En el culo del mundo en la traducción española), segunda novela de António Lobo Antunes, un escritor y médico cuenta a una mujer desconocida su experiencia de la guerra de Angola a principios de los setenta, en una larga noche, varios años después. Al tiempo que trata de seducir a dicha mujer, la memoria le lleva a la profundidad de la guerra y al horror allí vivido, a su infancia, a la distancia de su primera esposa y al nacimiento de su hija mientras él está en el frente.
La narración es un monólogo o un diálogo implícito en el que quien escucha no replica, aunque la voz narradora se dirige a ella, la mujer sin nombre. Está marcada por los saltos de tiempo: mientras que el discurso y la exigua acción del presente se desarrollan en una noche en Lisboa, años después de la guerra de Angola, la mayor parte de lo narrado sucede en varios momentos del pasado: a veces en la infancia, y casi siempre entre 1971 y 1973, cuando el ex médico y escritor que narra (el personaje-narrador, inspirado en el propio autor) se adentra en “a dolorosa aprendizagem da agonia”, en su dura experiencia de la guerra en lo más profundo de Angola, hacia la frontera con Zambia.
El monólogo en Lobo Antunes adquiere a veces la intensidad del poema en prosa, por las imágenes, los símiles y las metáforas, pero también por la belleza agónica de lo narrado. No por ello pierde eficacia narrativa, sin la necesidad de recurrir a descripciones extensas (pues las incluye en el discurso subjetivo de la memoria), diálogos ni personajes concretos, sin sumirse en un desarrollo lineal de acontecimientos: todo está sujeto al capricho de la memoria (que es, también, una voluntad) del narrador. El lenguaje está vivo, se hace voz que siente y recuerda, tiene el ritmo de un torrente, y peso propio.
Os Cus de Judas es una novela intensa, excelentemente escrita, dura, rebelde en lo formal y en el fondo. Hay voluntad de criticar la injusticia y la estupidez del fascismo colonialista, pero también de subvertir el modo tradicional de contar, haciendo de la memoria un testimonio amargo y eficaz. En ella se percibe la asimilación de buenas lecturas (entonces el autor rondaba los 36 años), entre otros a Conrad, Céline o Faulkner…
Lobo Antunes es uno de esos escritores que contagian el deseo de escribir.

6 de abril de 2007

A


Alumbrar. Aluzar. Aquecer. A luz. A sombra. Asombras. As.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

4 de abril de 2007

Lisboa africana

Hay una Lisboa africana, una ciudad negra, mulata, mestiza, que no ha dejado de crecer desde la primera vez que visité esta ciudad, hace doce o trece años. Los africanos de Lisboa y de Portugal provienen en su mayoría de las ex colonias portuguesas: de Cabo Verde, Angola, Guinea Bissau, Mozambique y São Tomé y Príncipe.

En los años sesenta, mientras el régimen salazarista enviaba a muchos jóvenes portugueses a defender el imperio lusitano en la guerra de Angola y la pobreza obligaba a otros a emigrar a la Europa rica, la mano de obra en la construcción y en otros empleos difíciles y mal pagados fue ocupada por caboverdianos. Muchos de ellos se quedaron, huyendo de la sequía endémica de las islas de Cabo Verde, y más tarde, tras la independencia que siguió a la Revolución del 25 de abril de 1974, llegaron otros africanos (así como los portugueses retornados), entre ellos los angoleños que huían de la guerra civil. Por lo tanto ya se puede hablar aquí de población negra (o mulata, o mestiza) de segunda y puede que de tercera generación: son los portugueses negros. A ellos se siguen sumando inmigrantes más recientes, que enriquecen la diversidad de esta “ciudad blanca” (Alain Tanner se refería a la luz, claro), como puede verse en su misma plaza central: Rossio, lugar de reunión de muchos africanos.

Un ejemplo de esta Lisboa africana es la zona de la Rua de São Bento, célebre por ser la calle de la Assembleia da República (el parlamento) y de los anticuarios, pero también conocida –a la altura en que se sitúa la casa en donde escribo esto– como uno de los tres lados del viejo “triângulo crioulo”, que entre los años sesenta y noventa fue un barrio de mayoría caboverdiana, con restaurantes de katchupa (el plato más célebre de la cocina caboverdiana) y bares africanos. Algo queda de aquello, aunque la mayor parte de la población inmigrante se mudó a las ciudades dormitorio como Amadora, Cacém, Odivelas o Almada.

Sin embargo, al margen de esta diversidad evidente hoy en día, la presencia africana en Lisboa y en Portugal no se limita a la segunda mitad del siglo pasado y al presente. En Portugal hubo una importante población esclava y liberta de origen africano entre finales del siglo XV y mediados del XIX, que en algunos momentos alcanzó hasta una décima parte de la población total. (Claro que también en la actual España hubo esclavos negros en esa época, aunque en menor número.) De hecho, entre mediados del siglo XVI y finales del XVIII, parte de este barrio y el vecino de Madragoa formaban la mayor concentración de población africana de Europa: el entonces conocido como barrio de Mocambo. Las huellas de esta presencia africana en la metrópoli pueden rastrearse hoy en muchas representaciones iconográficas, desde cuadros a azulejos, pero también en tradiciones y músicas. Hay incluso estudios que afirman que el fado tiene su origen en el lundum, una música para danza que se originó en Brasil, mezcla de ritmos bantúes y portugueses. Sin embargo, esta primera presencia africana, que duró cerca de cuatro siglos, se fue diluyendo tras el fin de la esclavitud, mezclándose con la población blanca.

Lisboa es hoy, por tanto, una ciudad mestiza y diversa, pero no hay que olvidar que ya lo fue en el pasado. Muchos portugueses, incluso de origen africano, ignoran todavía ese legado.

Para quien quiera profundizar sobre este asunto, algunos libros que me han parecido especialmente interesantes:
Jean-Yves Loude, Lisboa. Na cidade negra, Don Quixote, 2005.
José Eduardo Agualusa y otros, Lisboa africana, Asa, 1993.
José Ramos Tinhorão, Os negros em Portugal, uma presença silenciosa, Caminho, 1997.
Didier Lahon, O negro no coração do império, uma memória a resgatar (ss. XV-XIX), Ministério da Educação-Casa do Brasil, 1999.

29 de marzo de 2007

Las palabras y el deseo


As palavras e o desejo

Por vezes perdem a sombra
e rodam pálidas sem a seiva do vento.
Raramente vêm carregadas de frutos, de pedras e flores
ou apenas do seu silêncio de fogo.
Quando as línguas indolentes nos envolvem
na espuma das suas sílabas
é que os olhos do mundo nos olham através das imagens
e o enigma se aproxima silencioso e cúmplice
do nosso abandono deslumbrado
no volume côncavo do tempo.
Mas por vezes as palavras já não reflectem qualquer luz
e descem por escadas negras
até às primeiras águas e às redondas sombras
em que o silêncio é o puro silêncio sem imagens.

António Ramos Rosa, A imagem e o desejo (1998)

[Las palabras y el deseo
A veces pierden la sombra / y giran pálidas sin la savia del viento. / Raramente vienen cargadas de frutos, de piedras y flores / o apenas de su silencio de fuego. / Cuando las lenguas indolentes nos envuelven / en la espuma de sus sílabas / ocurre que los ojos del mundo nos miran a través de las imágenes / y el enigma se aproxima silencioso y cómplice / a nuestro abandono deslumbrado / en el volumen cóncavo del tiempo. / Pero a veces las palabras ya no reflejan luz alguna / y descienden por escaleras negras / hasta las primeras aguas y las redondas sombras / en que el silencio es el puro silencio sin imágenes.]

Ramos Rosa (Faro, 1924) es uno de los más importantes poetas vivos en lengua portuguesa. Más adelante pondré otros poemas suyos aquí. Pido disculpas por la versión improvisada, pero no resulta fácil encontrar ediciones bilingües para poder ofrecer una traducción seria.

28 de marzo de 2007

Salazar

No es significativo ni tiene importancia que un programa de televisión de gran audiencia y estúpido en grado sumo como tantos otros en cualquier parte del mundo, con formato de concurso y titulado Os Grandes Portugueses, convoque una votación telefónica a nivel nacional para elegir al mayor portugués de la historia, y que resulte vencedor ni más ni menos que Salazar. ¿No la tiene? Desde luego que sí. Es evidente, en cualquier caso, que no tiene la fiabilidad de un sondeo serio, y que la votación era anómina. Portugal vive desde hace mucho una crisis económica y social de la que parece no levantar cabeza, y hay quien opina que con el tío Salazar se vivía mejor (esa musiquilla no era muy extraña para un español hasta no hace mucho, bastaba poner Paco donde Salazar). A mí lo que me llama la atención es que la Revolución del 25 de abril no tenga más peso en la mentalidad de los portugueses: esa era mi idea cuando llegué aquí (cuando se llega a un lugar por el que se siente especial predilección hay tantas cosas idealizadas...). Pero la supuesta ruptura revolucionaria parece que trajo también un olvido lento y acrítico de más de cuarenta años de dictadura.
Un conocido me preguntaba hoy si algo similar podría ocurrir en España. Desde luego, existe la posibilidad de que haya un programa televisivo igualmente estúpido titulado "Los grandes españoles" (la "idea", me dicen, fue importada de la Gran Bretaña); pero dudo mucho que Franco fuese el vencedor absoluto. Es cierto que en España la transición fue un pacto que también nos sumió en la desmemoria, pero Franco no deja de ser un personaje incómodo y políticamente incorrecto. El contexto socioeconómico español actual también es muy distinto. Es difícil de saber. En todo caso yo imagino a Isabel la Católica alzándose con los laureles, ya que Cervantes tendría pocas posibilidades en una elección de tamaña estulticia. (Pensándolo bien, quizá es más probable que se diseñara en formato autonómico, digamos "Los grandes aragoneses", por ejemplo, y ahí seguro que coronaban de nuevo a Fernando el Católico o –ugh!– a Paco Martínez Soria, porque los posibles votantes de Goya o de Buñuel seguro no estarían al tanto de la cosa).
Pero en fin, no es significativo, ni tiene importancia.

(Más información, aquí y "ranking" aquí.)

20 de marzo de 2007

Facing West

Pues eso, orientado al oeste, bajo la música de Dave Douglas, con ese algo de circense y de tristeza fría, tan propia de estos días en que el invierno no se resigna a largar amarras.

19 de marzo de 2007

fin del mundo

El fin del mundo, el límite entre la tierra (conocida) y el ancho mar, es un lugar múltiple, cuya ubicación se reparte por los diferentes continentes: Finisterre (el finis terrae), el Cabo de Hornos o el Cabo de Buena Esperanza son algunos de los más célebres. Todos ellos tienen su faro, solitaria luz ante el océano inmenso.

Cabo da Roca

En el Cabo da Roca, la punta más occidental de la península ibérica, las olas rompen con furia ante la figura impasible de su faro, el primero en ser electrificado en Portugal (en 1897, aunque el faro es de finales del XVIII). Altos acantilados, un viento iracundo y abajo, muy abajo, el mar con uñas de espuma: sí, aquí también se halla el fin del mundo.

Sin embargo, hay otro fin del mundo que no tiene faro, ni horizonte al mar. No lejos de allí, cerca de Estoril (ciudad célebre por su casino y sus residencias de lujo), se levanta desde hace décadas el Bairro do Fim do Mundo, un puñado de chabolas de uralita, ladrillo y madera, que llegó a estar habitado por cerca de trescientas familias de origen africano y gitano. Desde hace pocos años, y sobre todo tras un incendio en que murieron abrasados una mujer y cinco de sus hijos, en septiembre de 2005, la Câmara Municipal de Cascais comenzó a derribar las chabolas, no siempre realojando a quienes quedaban sin techo. El estigma de la droga y la violencia parecían razón suficiente para acabar con este foco de marginalidad.

Barrios del fin del mundo, como faros sin luz al borde del abismo, se encuentran también repartidos por el resto de la península, en el corazón de Europa y por todos los continentes, cada vez en mayor número. Habitados por familias pobres, trabajadores sin papeles, marginados, son poblaciones sin futuro, carne de bulldozer. Ante el espectáculo que ofrecen, miramos para otro lado, por desasosiego o repugnancia, y callamos.

Porque hay un ruido de olas que nos deja mudos, un ruido de fondo de mar bravo que nos ensordece, y no sabemos qué decir, ni cómo reaccionar, ni siquiera cómo percibir lo que se avecina, el temor hecho certidumbre de que el fin del mundo está cada vez más en todas partes, de que nos cerca el abismo y de que los lindes entre la justicia y la paz se diluyen. Lejos de apocalipsis y pesimismos vacíos, resulta imprudente seguir ignorando que la marginalidad y la exclusión constituyen el germen de la tormenta.

Pero aquí seguimos, mirando el mar, ciegos de tanta luz, al pie de los faros ciegos.

18 de marzo de 2007

o que pensas de nós?

Já várias vezes me perguntaram amigos e conhecidos portugueses: “o que é que pensas de Portugal e os portugueses?” As respostas mudam. Por um lado não acho uma resposta capaz de resumir um punhado de impressões, e por outro não gosto das classificações gerais em referência às pessoas. Estou a viver em Lisboa por vontade própria, porque tive a oportunidade de vir passar um ano numa das cidades que mais gosto, que visitei pela primeira vez há treze ou catorze anos, e à qual sempre hei-de voltar. E gosto, claro, dos portugueses, mas… aqui tenho o primeiro obstáculo: o que quer dizer a expressão “o português”? As vezes pergunto-me se tal coisa existe, quero dizer, “o português” ou “o espanhol” ou “o francês”, se não será uma construção da identidade cultural em favor dos nacionalismos, como tantas outras. O assunto da identidade é complexo e exige demasiada filosofia, não é este o lugar.
No que diz respeito aos tópicos nacionais portugueses, acho que há muitos que são comuns aos povos mediterrâneos (preguiça, falta de pontualidade, etc.), e que nem sempre são certos, embora sejam mais frequentes que, por exemplo, na Alemanha... Apesar dos tópicos serem sempre demasiado generalizadores, há certas coisas que estão presentes nas conversas, na rua, nos meios de comunicação, nos livros. Há aspectos positivos, que acho muito interessantes, como a ironia portuguesa, o espírito criativo, a ideia e sentimento da saudade, a curiosidade pelo resto do mundo e o alto nível cultural de muitas pessoas. Outras, que talvez pertençam ao passado, parecem-me menos atraentes, como a presença excessiva da religião e da Igreja, a nostalgia da grandeza imperial, e certo classismo social. São as mesmas coisas que me desgostam em Espanha, os mitos pátrios carregados de valores caducos e o pensamento hierárquico, e portanto não têm a ver com “o português”.
Mas uma das questões que mais ouvi desde a minha chegada a Portugal é justamente esta: “o que pensam os outros de nós?”. Afinal essa parece-me uma das impressões mais marcantes de alguns portugueses, ao menos daqueles que mostram uma falta de confiança em si próprios e em Portugal: a necessidade de auto-estima através da avaliação externa. Felizmente, a pergunta fica no início das conversas, depois começamos a falar de assuntos interessantes.

15 de marzo de 2007

Lobo Antunes

António Lobo Antunes tal vez sea el mejor escritor portugués vivo, y uno de los mayores novelistas en activo en todo el mundo. Acaba de obtener el Premio Camões 2007, el más alto galardón de las letras lusitanas. Premios aparte, lo que importa es la propia obra de Lobo Antunes: casi veinte novelas escritas en treinta años de trabajo intenso, de memoria e imaginación fértiles, de buceo en la conciencia de los otros y en la historia de Portugal. Por un lado está su mirada crítica hacia los mitos imperiales (As naus), hacia el fascismo salazarista y las guerras colonialistas, su memoria de la guerra en Angola (Os cus de Judas), la decadencia de las familias poderosas tras la revolución de los claveles (Auto dos danados). Por otro, su tratamiento de la enfermedad o la locura (A ordem natural das coisas), o de su propia memoria de la infancia en Benfica, etcétera. A lo largo de ellas, siempre reconocible, se percibe la depuración de un estilo muy personal, de gran riqueza en procedimientos y estructuras narrativas, en el uso del monólogo interior, en la creación de narradores (personajes narradores que monologan)... Un gran autor vivo, que seguiré leyendo, y que aconsejo a quien le guste sumergirse en la densa corriente de la buena literatura. Afortunadamente, ha sido muy bien traducido al español, casi siempre por Mario Merlino.
Una buena página no oficial sobre él (en portugués), aquí.
Y algunas fotos, aquí.

13 de marzo de 2007

labirintos

M. H. Vieira da Silva, Bibliothèque (1949)


Maria Helena Vieira da Silva
ou o Itinerário Inelutável

Minúcia é o labirinto muro por muro
Pedra contra pedra livro sobre livro
Rua após rua escada após escada
Se faz e se desfaz o labirinto
Palácio é o labirinto e nele
Se multiplicam as salas e cintilam
Os quartos de Babel roucos e vermelhos
Passado é o labirinto: seus jardins afloram
E do fundo da memória sobem as escadas
Encruzilhada é o labirinto e antro e gruta
Biblioteca rede inventário colmeia –
Itinerário é o labirinto
Como o subir dum astro inelutável –
Mas aquele que o percorre não encontra
Toiro nenhum solar nem sol nem lua
Mas só o vidro sucessivo do vazio
E um brilho de azulejos íman frio
Onde os espelhos devoram as imagens

Exauridos pelo labirinto caminhamos
Na minúcia da busca na atenção da busca
Na luz mutável: de quadrado em quadrado
Encontramos desvios redes e castelos
Torres de vidro corredores de espanto

Mas um dia emergiremos e as cidades
Da equidade mostrarão seu branco
Sua cal sua aurora seu prodígio

Sophia de Mello Breyner Andresen, Dual (1972)

[Maria Helena Vieira da Silva o el itinerário inevitable

Menudencia es el laberinto muro a muro

Piedra contra piedra libro sobre libro
Calle tras calle escalera tras escalera
Se hace y se deshace el laberinto
Palacio es el laberinto y en él
Se multiplican las salas y refulgen
Los cuartos de Babel roncos y rojos
Pasado es el laberinto: sus jardines afloran
Y desde el fondo de la memoria suben las escaleras
Encrucijada es el laberinto y antro y gruta
Biblioteca red inventario colmena
–Itinerario es el laberinto
Como el ascender de un astro inevitable–

Pero quien lo recorre no encuentra
Ningún toro solar ni sol ni luna
Sino sólo el cristal sucesivo del vacío
Y un brillo de azulejos imán frío
Donde los espejos devoran las imágenes

Exhaustos por el laberinto caminamos
En la menudencia de la búsqueda en la atención de la búsqueda
En la luz mutable: de cuadrado en cuadrado
Encontramos desvíos redes y castillos
Torres de cristal pasillos de asombro

Pero un día emergeremos y las ciudades

De la equidad mostrarán su blanco
Su cal su aurora su prodigio

(Traducción de Ángel Campos Pámpano)]


En este poema de Sophia de Mello sobre la pintura de Vieira da Silva se juega con algunos de los símbolos y formas que afloran en los cuadros de la pintora portuguesa: el laberinto, la biblioteca, la ciudad; y la biblioteca como laberinto, que nunca fue dominio exclusivo de Borges, a quien Vieira da Silva admiraba. En sus cuadros, en particular en los no figurativos (la mayor parte de su obra), las líneas de fuga crean perspectivas múltiples, a veces enmarañadas; crean espacio y espacios en planos de proximidad o lejanía variable, dimensiones abiertas a la interpretación, a la imaginación: la mirada entra en ellos como en un dédalo de formas geométricas y líneas, descubre corredores hacia el fondo de la tela, escalas de un plano ajedrezado hacia una estancia suspensa en el vacío. Más allá de las arquitecturas oníricas, de los túneles y poliedros, de las bibliotecas cromáticas, más allá de los símbolos la pintura de Vieira da Silva es una mirada abierta a la profundidad, una proyección hacia el fondo del fondo, hacia el vacío (el "vidro sucessivo do vazio" que dice el poema de Sophia de Mello). Un vacío pleno de sugerencias.


M. H. Vieira da Silva, Bibliothèque en feu (1974)

Quien esté interesado en la obra de Maria Helena Vieira da Silva, si viene a Lisboa conviene que visite la Fundação Arpad Szenes-Vieira da Silva, una experiencia muy interesante por varios motivos. El museo, ubicado en una antigua fábrica de seda en el jardim das Amoreiras, alberga muchas obras de Vieira da Silva, pero la colección se compone además de pinturas de su marido, el húngaro Arpad Szenes (aunque yo prefiero la pintura de ella). Y el jardim das Amoreiras, con el final del acueducto y la Mãe d'Água (un gran depósito de aguas del siglo XVIII) es uno de los rincones más hermosos de esta ciudad colmada de rincones hermosos.

11 de marzo de 2007

desde la buhardilla







El cielo se abre como fruta madura y ofrece sus entrañas de luz: vamos aprendiendo palabras necesarias (palabras con poso húmedo: mágoa, nódoa; palabras vibrantes como cinzas; palabras de luminosidad lechosa: luar; abiertas como janela o limiar; con la tristeza nasal de solidão; trabajosas como azáfama, longínquo; sibilantes de silêncio, desassossego, y misteriosas: nevoeiro, além)
y aún nos ocurre a veces nombrar el mar señalando el río, dejarnos guiar por falsos amigos como espanto, esquisito, namorar, romance: vamos, con todo, entrando en otro ritmo, en otros ritos: nos asomamos a la vida desde nuevas rutinas, tropezamos con piedras diferentes: a veces apenas un torpor de ideas que no alcanzan a la lengua: la desazón y el gozo de sentirnos extranjeros, de paso: y la certidumbre de que sólo el presente tiene forma, sentido y fondo.

9 de marzo de 2007

Sempre a água

Sempre a água me cantou nas telhas.
Habito onde as suas bicas,
as suas bocas jorram.
As palavras que no cântaro
a noite recolhe e bebe
com agrado
sabem a terra por serem minhas.
Não sou daqui e não vos debo
nada, ninguém
poderá negar a evidência
de ser chama ou água,
fluir em lugar de ser pedra.
Perdoai-me a transparência.

Eugénio de Andrade, O sal da Língua.

7 de marzo de 2007

Franz Schubert, fantasía para piano a cuatro manos Op. 103, D940 (fragmento)

5 de marzo de 2007

identidades

El sol de la mañana se cuela oblicuo y me ilumina las manos al escribir. Hoy soy otro, como ayer fui: tengo el mismo nombre, y qué distancia. No ha ocurrido nada, no he cumplido años, nadie cercano ha muerto o nacido. Vuelvo a ver a la mujer de enfrente que tiende la ropa frente a la fachada, la luz ondula y rejuega al ritmo del aire y con el movimiento crea el color, que tampoco es siempre el mismo. Ni ella es la misma que colgaba la ropa ayer. Soy consciente de hablar esta lengua y de bosquejar escritos sirviéndome de ella, lo demás son datos documentales y pretendidos pilares de la identidad, testimonios de nada, que no indican quién soy, porque no siempre soy el mismo, ni tú, ni acaso nadie. Qué cansado ser siempre el mismo, creer cada día que nuestro cuerpo y nuestra memoria nos obligan a repetir rituales y palabras, actitudes ante la vida, que tampoco ha de ser siempre la misma cada día. Somos construcciones en el tiempo, nunca iguales, o ni siquiera somos: vamos siendo, estamos. Afortundamente, tenemos memoria e imaginación. Y olvido.

2 de marzo de 2007

(L.)


A maçã no escuro...na luz...na sombra...nas tintas...na cor. (Lispectoreando).

1 de marzo de 2007

Os Maias


Os Maias (1888), de Eça de Queiroz, es una buena novela decimonónica (habría que subrayarlo: muy decimonónica). Es un clásico sobre los prejuicios morales de la aristocracia y la alta burguesía, y una obra de transición, aún no plenamente realista a pesar de ser contemporánea de Flaubert y Zola, autores que sin duda Eça había leído. La dialéctica entre lo romántico y lo moderno está expuesta con acierto, y el autor supo combinar con habilidad los procedimientos del realismo y de la novela folletinesca romántica. No obstante, los personajes no dejan de ser un tanto acartonados, tipos en buena parte previsibles: el romántico Alencar, el osado moderno João da Ega (trasunto del propio autor), el apasionado Carlos da Maia o el celoso intrigante Dâmaso Salcede son algunos ejemplos. No es una prosa difícil y de hecho brilla en más de una ocasión, sobre todo cuando la ironía del autor logra quitar hierro a un argumento marcado por la tragedia folletinesca (hoy diríamos de culebrón). A pesar de la extensión (y de algunos pasajes tediosos), Os Maias mantiene el interés de principio a fin, y despierta en el lector (al menos en éste) el interés por la época y cierto afecto por los propios personajes, en especial por Carlos y Ega, que pasan de la pasión al excepticismo, a pensar que "com efeito, não vale a pena fazer um esforço, correr com ânsia para coisa alguma (...) nem para o amor, nem para a glória, nem para o dinheiro, nem para o poder", y que sin embargo arrancan a correr en pos de un carruaje que los lleve a una cena de viejos amigos.

27 de febrero de 2007

variações Eça


Sobre a nudez forte da verdade, o manto diáfano da fantasia:

Sobre a nudez forte da fantasia, o manto diáfano da verdade:
Sobre a nudez diáfana da verdade, o manto forte da fantasia:
Sobre a nudez diáfana da fantasia, o manto forte da verdade:

Sobre o manto diáfano da verdade, a nudez forte da fantasia:
Sobre o manto forte da fantasia, a nudez diáfana da verdade:

Sobre a verdade nuda da fantasia, o manto forte do diáfano:
Sobre a fantasia forte da verdade, o manto nudo do diáfano:
Sobre a verdade diáfana da nudez, o manto forte da fantasia:

Sobre a fantasia manto da verdade, a fortaleza diáfana da nudez:
Sobre o manto diáfano da fantasia, a verdade forte da nudez:

...e mais?

(cada combinación encierra una poética, o una mirada sobre la relación entre realidad y ficción, o tal vez sea sólo una combinatoria vacía)

25 de febrero de 2007

Primavera


Todavía no. Casi. Entre la lluvia. En lo más alto. De color blanco.

20 de febrero de 2007

carnaval

El carnaval lisboeta pasó sin pena ni gloria, indefinido entre la tentación mestiza y el recurso a la invención de la tradición: ayer escuchaba un programa de radio en la TSF en el que se hacía hincapié en las raíces "puras" del carnaval en la zona del Duero, en el Portugal oculto de las aldeas interiores del norte. Allí, se decía en ese programa, las tradiciones se han mantenido sin mácula ni mezcla con otros rituales y costumbres ajenas a "lo portugués". Se destacaba incluso que era un día en el que las autoridades civiles debían desfilar sin máscara, pues el carnaval es jornada de desahogo y de crítica. Claro que eso no oculta lo obvio: el resto del año impera la sumisión y el conformismo. Es una lectura blanda del pasado, que además pretende hacer "vendible" un folclore pretendidamente "sano".
El fenómeno de invención de la tradición y del falso purismo es típico de la culturas ibéricas desde no hace mucho tiempo (puede que también ocurra en otros sitios de la Europa del sur): en muchos pueblos españoles ocurre lo mismo, sólo que en términos autonómicos: "lo aragonés", "lo castellano", "lo catalán", "lo gallego", etc. No se trata de copiar e importar el carnaval brasileiro (como ocurre con la fantochada murciana del Entierrro de la Sardina, la otra cara de la moneda), pero me parece etnocentrista y empobrecedor reivindicar la pureza de las propias tradiciones, y menospreciar lo que otras puedan aportar. Y quien dice carnaval, dice muchos otros aspectos de la cultura.

19 de febrero de 2007

Saramago y Ricardo Reis

O Ano da Morte de Ricardo Reis (1984), de José Saramago, narra el regreso a Lisboa de Ricardo Reis, heterónimo de Pessoa, médico y poeta, tras dieciséis años de exilio voluntario en Brasil. Hospedado en el Hotel Bragança (y más tarde en un piso alquilado en el Alto de Santa Catarina), su último año de vida en Lisboa (1936) transcurre entre un amor físico y desigual con la criada Lídia, una pasión imposible con Marcenda (joven rica de Coimbra, lisiada del brazo izquierdo) y con una amistad fantasmal con Fernando Pessoa.
Me parece una novela que empieza y acaba bien (aunque con dos frases lapidarias), que se sustenta en una buena idea original, y que cuenta con un personaje, el solitario Reis (ficción sobre ficción), bien construido y completamente ajeno al tiempo que le ha tocado vivir. El sabio aprovechamiento de materiales que Saramago hace de la literatura portuguesa hace mucho en favor del texto: ahí están las huellas de la poesía de Fernando Pessoa (la propia o la escrita bajo firma de su heterónimo Ricardo Reis) que salpica, hecha prosa, toda la novela. También los propios nombres de los personajes femeninos Marcenda y Lídia provienen de las odas de R. Reis. Por su parte, Camões es más que la estatua (el “D’Artagnan”) de la plaza: también hay versos suyos espigados por las páginas del libro. En la novela se recrean rincones de Lisboa de especial encanto, y, aunque evidentemente la ambientación corresponde a un tiempo pasado, la figura del Adamastor, la Rua do Alecrim o la Praça Camões no han cambiado tanto (botellón aparte en lo que respecta al mirador del Alto de Santa Catarina…).
Sin embargo, la prosa de Saramago resulta en ocasiones un tanto pesada; el lenguaje de la novela tiene momentos líricos bien logrados, pero a menudo cae en descripciones morosas y en digresiones no siempre hábiles. En cuanto a la hilación de la historia con la Historia, se establece mediante algunos lugares comunes y toda una retahíla de eventos sacados de hemeroteca diseminados por el relato. El mayor reparo, con todo, lo encuentro en el narrador: poco distinguible del propio autor, es omnipresente, incluso en exceso, y en ocasiones supone hasta un estorbo para el disfrute de la lectura. Como en anteriores lecturas de Saramago (La balsa de piedra y Todos los nombres, leídos hace años en traducción española), el placer del texto y las buenas ideas del autor se enturbian con el lastre de un narrador endiosado y anacrónico.

16 de febrero de 2007

alfileres

Días de lluvia, lluvia fina como alfileres que hieren adentro, no en la piel: adentro.

14 de febrero de 2007

parabéns

Enhorabuena a las portuguesas y portugueses que han acabado con la persecución de un derecho. La despenalización del aborto es por fin un hecho, y cualquier persona inteligente y sensible comprende que la futura ley no obliga a abortar a nadie, sino que supone un paso hacia la igualdad de género y hacia una sexualidad y planificación familiar responsable y respetuosa.

1 de febrero de 2007

la inmigración, sin los inmigrantes

Hoy, en el Foro Gulbenkian Imigração, una jornada sobre "Portugal e os portugueses vistos pelos imigrantes", con un documental y dos mesas redondas.

El documental de Luísa Homem, «Retratos. Portugal e os portugueses vistos pelos imigrantes», de apenas 25 minutos, está bien realizado y contiene testimonios interesantes de inmigrantes africanos, de Europa del este y de Asia (y hasta un francés y una canadiense).

Lo que ha venido después, mejor olvidarlo: una mesa redonda con corresponsales de periódicos: del ABC (una española de nuestro diario más... ¿cómo calificarlo?), del Finantial Times (un inglés) y del Jornal do Comércio (un brasileño). No había en la mesa ningún inmigrante de los que integran las comunidades mayoritarias en Portugal (nadie de los países africanos de lengua oficial portuguesa, que llaman PALOP; nadie de Bulgaria, ni de Timor). Ya que los invitados no hacían justicia a la rúbrica de la mesa (ni a la espectativa de los asistentes: evidente en la deserción progresiva), al menos podían haber aportado algún testimonio o idea interesante, como periodistas que son y supuestos observadores de la realidad, más allá del discurso paternalista o personalista. Cero. La española, lamentable en su hispanocentrismo; el inglés, topiquero en su discurso neoliberal, con su "necesidad de arriesgar" (el proverbial espíritu emprendedor), y el brasileiro, un tostón que ha narrado toda la historia de la relación luso-brasileña, mencionando incluso a los quemados en la hoguera de la santa Inquisición.

Había una segunda mesa redonda, con la presencia de Luíz Felipe Scolari, seleccionador nacional de fútbol, y con Ramón Font, de la TVE (por si no había suficiente con una española). Ha sido el momento de poner pies en polvorosa.

Queda el recuerdo del documental: al menos allí la voz y las opiniones de los inmigrantes estaban presentes. Pero parece que a la Fundação Gulbenkian esta vez (al menos esta vez) le ha parecido que, para mostrar "una imagen de los portugueses" (una obsesión nacional: qué piensan los otros de ellos), era mejor dejar fuera a los inmigrantes, que tanto tendrían que decir en directo. Siempre hay alguien que puede molestar si dice alguna verdad, y en una pantalla todo parece más simpático, más inofensivo, vaya. Es lamentable, sobre todo en un país que cuenta con un gran número de inmigrantes que hablan la lengua de acogida y que de hecho la tienen como lengua materna (los lusoafricanos, sobre todo). Es una forma de convertir un debate que podía ser crítico en una civilizada charla de café con pastas.

30 de enero de 2007

liberdade de escolha

El próximo 11 de febrero hay aquí, en Portugal, un referéndum en el que los portugueses votarán Sí o No a la despenalización del aborto en las primeras 10 semanas de gestación. El asunto está muy presente en los medios de comunicación, en internet y en la calle. Lo que me sorprende es la manipulación (des)informativa, que vuelve a poner en cuestión el aborto y si lo que está dentro de la mujer es una vida humana o no, y si es que sí a partir de qué semana, etcétera, cuando lo que se va a aprobar o rechazar (ya fue rechazado en 1998, sin duda por la abstención) no es eso, sino si se va a seguir penalizando (con hasta 3 años de cárcel) a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo porque no pueden o no desean ser madres. Porque, de forma legal o ilegal, abortos ha habido y habrá siempre. Y al final, lo que está en el fondo, es empezar a pensar de una vez que la mujer no es un organismo progenitor, sino que es una persona madura y con derechos, dueña de su sexualidad y de decidir si quiere o no tener hijos. Así de simple. Por tanto, en el momento en que decide no tenerlos, lo lógico, lo obvio y lo normal en una sociedad democrática y de derecho es que dicha interrupción de su embarazo se realice sin el peso moral y la angustia que supone el saberse sojuzgada y criminalizada: ha de ser en un centro público, de forma gratuita y con todas las garantías sanitarias y legales (y no engordando la cuenta corriente de las clínicas privadas españolas en Badajoz). Lo que se vota, por tanto, es si se permite decidir, o si se sigue reprimiendo un derecho, así de simple.

Portugal ha sido considerado a menudo como un país de profunda raigambre católica, apegado a los faldones de los curas, y nostálgico de su pasado imperial. A España se le puede reprochar lo mismo, y sin embargo algo se ha movido en los últimos años, o sea que... No sé por qué, pero intuyo que el Sí va a ganar. Espero que así sea, para ir borrando estereotipos y para que al fin haya "liberdade de escolha" para las mujeres portuguesas, caboverdianas, angoleñas...

24 de enero de 2007

mulemba Xangola

Kassanzu uá bixila
Menekenu mukuenu
Kubanza kuá muxima
Menekenu kubata


(Refrão)
É mulemba Xangola
Ai-ué mulemba Xangola

Ai-ué Luanda
Ai-ué N'gola
Ai-ué Bahia
Etu Mudietu

(Refrão)
É mulemba Xangola
Ai-ué mulemba Xangola

Mulembeira milenar
Da magia kalundu
Angola ritual
Africanos olodum

(Refrão)
É mulemba Xangola
Ai-ué mulemba Xangola

Salvador da tradição
Mulemba Xangola
Unidas nações
Saudai-vos agora

(Refrão)
É mulemba Xangola
Ai-ué mulemba Xangola


Mulemba Xangolá: original de Bonga
versão: Bonga, Carlinhos Brown e Marisa Monte

23 de enero de 2007

buzones, caixas de correio, boîtes aux lettres


A veces pienso que somos apenas eso, buzones, cada uno de un color y forma diferente, donde penetran mensajes, voces, textos, imágenes (acaso demasiadas), a la espera de que una mano amiga nos libere de tanto ruido.

(Marsella, abril de 2003, creo...).

16 de enero de 2007

ateísmo elemental

Creo en el hombre del saco antes que en dios. No existe dios. El hombre del saco, al menos, puede imaginarse.

7 de enero de 2007

invierno en Lisboa

El invierno en Lisboa (a diferencia de aquella novela homónima que seduce en la primera lectura y se cae de las manos en la segunda) tiene vuelo los días de aire claro, y tiene también peso los días de niebla, cuando los cargueros gimen en el estuario del Tajo, abriendo con su sirena una fisura de yelo en la densidad. Y los días de sol, el invierno en Lisboa no es menos invierno: es todo el invierno condensado en el placer de recibir los rayos en la cara, los ojos cerrados, olvidando el tiempo. Cuando llega la lluvia, sin embargo, regresa el tiempo al tictac de los relojes, al goteo meticuloso sobre las tejas de esta buhardilla: águas furtadas, mansarda, un espacio robado al aire desde el suelo.

2 de enero de 2007

el hueco

Hueco en el hueco, vacío reiterado hacia el infinito en el vértice nunca sellado de la espiral. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? ¿Puedo yo decidirlo? Decidir. Siempre el niño que llevamos dentro, una vez más la misma pregunta: ¿y después, qué?
Sinuoso serpentea el viajero en su descenso, pero ¿quién dibuja su rastro?, ¿el viaje?, ¿el viajero? Y, aún más, ¿qué importa el rastro si allí a donde se viaja no hay opción para el retorno?
Yo coleccionaba relojes de arena.
Ahora me los regalan otros.
Que hay compañeros de viaje e instantes luminosos, pero eso no quita para que estemos menos solos hasta la muerte.
No espero que esto pueda ser útil a nadie. Escribimos palabras útiles para lo inútil. Palabras, siempre, para el silencio y el olvido y para la oquedad sin término de todo cuanto no existe y que tampoco es la nada y jamás, jamás ese absurdo delirio llamado eternidad. Escribimos para el hueco, en fin. ¿Para qué si no?