13 de mayo de 2007

Agustina y la sibila

A sibila (1953, La sibila), segunda novela de Agustina Bessa-Luís (n. 1922), es la más conocida de su producción y fue la obra que consolidó a esta clásica de las letras lusas. Inserta en la última fase del modernismo portugués, su novelística ha sido adscrita al neorrealismo, aunque la denuncia social no parece ser dominante en su escritura. Bessa-Luís es balzaquiana en muchos sentidos, pero sobre todo en cuanto a su producción: más de 55 libros, entre ellos unas 35 novelas, algunas de ellas de gran éxito, como ésta que comento, así como Fanny Owen (1979) o Vale Abraão (1991).
A sibila narra la historia de Quina (apodada la sibila por sus dotes de intuición y astucia) y de su familia, habitantes de la casa da Vessada, a lo largo de tres generaciones. El punto de partida es el presente narrativo, en el que Germa, sobrina de Quina, visita la ruinosa casona y se pregunta por quién fue realmente su tía. Allí arranca un amplio regreso al pasado, siempre con el centro en Quina, personaje contradictorio y polifacético, al tiempo fría y de una ternura escondida, mujer hábil que rescata la hacienda familiar del naufragio. En sucesivos capítulos se narran las acciones y pensamientos de Quina, su relación con sus padres Francisco y Maria, con sus hermanos, con su sobrina Germa y con un ahijado, Custódio, un adolescente asilvestrado y necio por quien siente especial inclinación.
El tiempo narrativo abarca desde el último tercio del siglo XIX a la segunda década del XX, y la voz, un narrador omnisciente en tercera persona, parte del presente y vuelve a los orígenes de Quina y su familia, para seguir una narración lineal salpicada de saltos atrás y adelante, en función de referencias a actos, descripciones de caracteres, etcétera. Es una novela plenamente rural, ambientada en el norte de Portugal, lo cual está muy marcado en la caracterización del modo de vida (profundamente antiburgués, a pesar de ser una familia hacendada) y en la forma de relacionarse de los personajes, además de las descripciones de utensilios, vestimenta o muebles. La estructura puede decirse que es circular, en diecinueve capítulos, en el último de los cuales dicho círculo se cierra en el mismo momento en que había comenzado la narración, con la conversación de Germa y Bernardo en el presente.
Agustina Bessa-Luís tiene una prosa rica, que fluye como un caudal de sensaciones intensas, una escritura a menudo simbólica, intuitiva, apegada a lo sensitivo y a las raíces, y muy rítmica.
A sibila es una novela densa, construida con voluntad de convertirse en lo que es: un clásico. A diferencia de otros clásicos, sin embargo, no se asienta en un personaje de perfiles bien dibujados: si Quina resulta interesante se debe a que es difusa y contradictoria, enigmática, rígida y vulnerable a un tiempo. Es una novela escrita desde una clara conciencia femenina (aunque en modo alguno feminista, pues el peso de la tradición es ostensible), y donde el protagonismo es de dos mujeres: principalmente Quina, que se consolida como matriarca y centro de un mundo, y Germa, su opuesta y heredera, hija de la burguesía urbana, y mecha que enciende la narración, testigo de la vida de Quina.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Azófar... de aquí al buscador. Así encontré fragmentos de otros libros, verás que pronto la leo, y entonces agradeceré (desde ahora lo hago) el que me despertaras curiosidad.

Bella la entrada, qué bueno que vives lejos y no vendes libros... si llegaras a casa con una maleta cargada de ejemplares, me dejas en banca rota, y eso sí, con muchos libros nuevos.


Excelente inicio de semana.

Anónimo dijo...

Lo de la entrada sonó extraño

¿Verdad?

De pronto al releerme (es una manía que tengo... releer mis comentarios, y luego me arrepiento de haber escrito tal o cual cosa) soné como si le estuviese lanzando a tu post una mirada... de esas, clavadientes.

Me apetece más como platillo fuerte, a decir verdad.

*Éste no lo releeré.

Daniel Pelegrín dijo...

Si he conseguido despertar tu curiosidad por un libro o una autora, entonces el agradecido soy yo, Roxana. Salud